- jueves 07 de abril de 2022 - 12:00 AM
Bromas que duelen
Reírse de uno mismo es signo de madurez. Un trato con nosotros mismos afectuoso, cordial, tolerante y amoroso es compatible con una autoestima saludable. La moneda se vira cuando el dialogo interno está lleno de críticas, juicios e intolerancia. En este caso, nos estamos agrediendo.
La forma y el tono en que nos hablemos a nosotros mismos y la intención con que lo hagamos marcan el parámetro para permitir aceptar o tolerar la forma en que otros nos traten. Si es de una manera saludable, con amor y respeto, permitiremos que las otras personas nos traten de ese modo y las bromas surgirán como una forma natural de relacionarnos, ayudando a crear vínculos.
Las personas se relacionan en distintos ambientes, pero es en el hogar donde se nos dota de las primeras lecciones de socialización que luego practicamos en ellos, como en la escuela, el campo de juego, etc. Nos acompañarán a lo largo de la vida allá donde nos encontremos.
Si en el hogar se permiten bromas que duelan, lo más probable es que ese patrón se repita, igual que si se experimenta algún tipo de violencia. En casa se puede crear un acosador o una víctima.
Una broma causa daño cuando produce un malestar en el sujeto de esta. Y una broma pesada se convierte en bullying cuando se da de forma repetida y con el ánimo de hacer el mal. La consecuencia para sus víctimas oscila entre depresión, aislamiento, ansiedad y hasta el suicidio.
El respeto a los límites saludables y el afecto son bases para crear vínculos sanos. Toda conducta que vaya en contra de estas premisas atenta contra las personas.
Abogada, mediadora, coach