En una ocasión una compañera de trabajo – ya con muchos años de experiencia, bajo la misma responsabilidad y por cierto compleja– cuyo desempeño era inobjetable, diría que perfecto, me planteaba que se sentía un tanto molesta ya que su salario había sido “congelado” en el tiempo y que se veía muy presionada con el encarecimiento de la vida a lo que se sumaba la devaluación, hijos creciendo y otros- Ella un tanto abrumada por lo antes expuesto tenía el derecho a reflexionar y “descargarme” confiando en mi persona, en nuestra amistad de años.
La institución no contaba con una política salarial – en ese instante – en función del cumplimiento de sus funciones, metas y logros del personal administrativo y docente, pero sí mediante otras acciones concretas como becas de estudios a familiares, descuentos para el estudio de maestrías, diplomados como parte de la superación del profesorado, etc. Ante esto último le explicaba a ella “...si todo lo anterior se convierte en dinero, es cierto que ganarías más, pero la empresa como tal invierte en tú formación y la de tus familiares y te da un valor agregado”
En su rostro aprecié una sonrisa lo cual denotaba una mejor comprensión de su preocupación y para bien sentirse como parte de la institución misma, tener en un sentido de pertenencia.
¿Pertenencia? Su significado: “la circunstancia de tener un vínculo con alguna cosa, persona, grupo social, institución hasta tal punto de considerarse en sujeción (obediencia, obligación o disciplina) con ésta”
No por gusto – muy común – las empresas, organismos, colegios en sus camisas, blusas, sacos, gafetes, muestran todo el tiempo “un breve diseño” de “a quien pertenecen” y las personas suelen asociar producto del marketing, si es una buena empresa, tiene prestigio o no.
¿Por qué o no? La desacreditación del cliente podría estar relacionado con factores de alguna mala experiencia reciente o pasada, donde no se sintió bien atendido, orientado, donde primó la burocracia, donde la falta de comunicación primaba.
El cliente puede ser externo – el que acude a la empresa en la búsqueda de un servicio - o el interno, que trabaja para la propia entidad, pero que sus espacios se van cerrando y como resultado se deteriora el sentido de pertenencia.
Una falta de compromiso donde solo “el cordón umbilical” es el dinero, que todos los necesitamos claro está, pero genera o siembra la “semilla del desaliento” a pesar que predomine el sentido de la responsabilidad, ético, moral.