El debate sobre el bioetanol ha llegado a su punto de ebullición en la Asamblea. En un país que importa hasta la última gota de gasolina, una mezcla del 10% es un tiro al aire, en el que ni siquiera se piensa en el ahorro del consumidor. Ante la volatilidad global y las políticas energéticas de la era Trump, que amenazan con encarecer aún más el crudo importado, la apuesta de Panamá debe ser audaz: un mínimo del 25% de bioetanol en la mezcla de combustible para que el beneficio llegue al bolsillo de la gente.
La Lección Brasileña frente a la Crisis. Ante la crisis energética y las tensiones geopolíticas, el gigante suramericano acaba de elevar su mezcla obligatoria al 32% para contener los precios y reducir sus importaciones en 500 millones de litros mensuales. Mientras Panamá duda con porcentaje marginal, Brasil utiliza el etanol como escudo financiero. Al alcanzar el 25%, el volumen de etanol crea una economía de escala que permite una reducción tangible del precio. Sustituir una cuarta parte de cada galón con energía propia es soberanía financiera frente a un mercado hostil y endiablado hacia el alza.
El Efecto 43 Centavos y el Sello Hermético. Si la gasolina importada ronda $1.58 y el etanol local los $0.86, una mezcla robusta permite un ahorro directo de hasta 43 centavos por litro. En un tanque promedio lleno, el conductor se ahorraría más de $21.00.
El miedo al daño por humedad es un fantasma; en ciudades como Manaus, con la humedad de Panamá, se opera sin problemas con mezclas elevadas. La ley debe exigir un sello hermético certificado que garantice la impermeabilidad del combustible desde la destilería hasta la estación de servicio.
Maíz y Caña; no al monopolio. Para que esta ley no sea solo para saciar las ansias de los dueños de ingenios, el maíz debe ser eje obligatorio. Incluir el grano nacional democratiza el beneficio, garantizando un mercado al productor de provincias centrales y generando subproductos que abaratan la alimentación animal y la canasta básica. El proyecto de ley no puede ser una burla al consumidor con un escuálido 10%; debe ser la revolución del 25% que deje el ahorro en manos de quien conduce y de quien siembra, y otros beneficios.