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Agrega El Siglo en Google ↗️Soy de esas personas que procuran ayudar a quien me lo pide y generalmente como resultado quedo metida en un lío ajeno y ni siquiera me agradecen; debido a esto desde hace un tiempo decidí dejar de ayudar y tomar los problemas de otros como míos. Uno aprende por lo golpes de las desilusiones. Las personas siempre esperan que uno diga que sí a todo y cuando respondemos que no, porque no podemos o porque no queremos inmiscuirnos en un conflicto ajeno nos hacen ver como los malos de la película.
El panameño suele ser muy buena gente y nuestra idiosincrasia es tratar de ayudar a los amigos y a la familia. Muchos conocemos de casos de gente que ha quedado pagando prestamos ajenos por haber servido de fiadores de compañeros de trabajo, para lo cual no sé cómo se dejaron convencer; otros han quedado presos por prestar sus carros a amistades que los usaron para cosas ilegales. Hay casos menos graves, pero igual de frustrantes como cuando uno se mete a ayudar a alguna amiga maltratada por su pareja o esposo y cuando esos dos se arreglan uno perdió a la amiga y a veces hasta al grupo con quien se salía. Hace muchos años hice una denuncia para ayudar a una vecina en un conflicto de propiedad porque ella no sabía cómo hacerlo, hubo filtración de mis datos y el denunciado me llamó para amenazarme; al final con sus contactos logró que el caso se fallara a su favor; la vecina que ayudé me quitó el habla porque, según ella, por mi culpa perdió el caso.
Uno se aburre de ayudar a gente que luego ni te saludan por la calle.