- sábado 01 de febrero de 2020 - 12:00 AM
Arde Panamá Oeste
La franja costera entre la Playa de Veracruz y el corregimiento de Cermeño de Capira, es hoy una zona de combate entre narcotraficantes y pandilleros que resuelven sus diferencias y negocios a punta de tiros.
Esta región es ahora tierra de nadie, lo que contrasta con la presencia de estaciones de policía en Playa Leona, Puerto Caimito y Veracruz, aparte del patrullaje de efectivos del Servicio Aeronaval. Y contrario a lo que esperaba una población cada día más insegura, este fenómeno delincuencial va en aumento en vez de reducirse.
Playas como Majagual, Petibre, Ortiguilla, Bajareque, Bertón, Playa Chiquita y Playa Grande, donde en otros tiempos los pescadores y recolectores de almejas, realizaban sus labores libres de temores, se han convertido en zonas de peligro por las que nadie se atreve a caminar por miedo a la presencia repentina de elementos de mal vivir.
La captura de cargamentos de drogas en playas y manglares y la aparición de caletos y cadáveres mutilados en parajes solitarios, son los hechos más frecuentes sin que se vean acciones más agresivas en la persecución del delito por parte de las autoridades.
El incidente donde murió un niño de pocos meses de nacido en Chumical de Arraiján, denota la ceguera, el salvajismo y la crueldad con que actúan esos grupos criminales que no distinguen entre compinches e inocentes.
En esta última década han sido construidas en Panamá Oeste miles de viviendas, sin contemplar planes de seguridad ciudadana. Los recorridos de la policía por áreas rojas solo son paliativos que ahuyentan temporalmente al hampa.
Mientras suenan en las noches los disparos de uno y otro bando, el debate aburrido sobre la prohibición del uso de armas en el país, sigue en el vacío a la espera de más muertos.
ESCRITOR