La desconfianza rige las relaciones políticas entre los partidos alineados al gobierno. Por un lado, están Cambio Democrático (CD) y el Partido Panameñista que fueron alianza en el 2024, cuyas bancadas cuentan con 8 diputados cada una. En la misma esquina están los 14 diputados oficialistas de Realizando Metas (RM) y los 5 de la bancada mixta (Popular, Molinera, Alianza y un enajenado de la coalición Vamos), que juntos suman 35 votos oficialistas de 71 que conforman la Asamblea Nacional.
Como el agua y el aceite están la coalición Vamos con 19 integrantes, Seguimos con 4 y el PRD con 13, para un total de 36 votos opositores de 71. El problema de la oposición es su fraccionamiento, debido a sus posiciones antagónicas, sobre todo con respecto a la falta de transparencia y al combate a la corrupción.
Por su parte, la coalición Vamos navega con la bandera de impolutos, mientras el PRD aplica cínicamente la teoría de que todos somos pecadores; en tanto, la bancada de Seguimos se muestra como un barco a la deriva en función del viento y las olas, a veces lógicos y otras sin brújula moral.
La improbable alianza entre Vamos y el PRD hace fuerte al oficialismo, mientras el voto cantado a Jorge Herrera por parte de Ernesto Cedeño de Seguimos, pone salsa picante en la mesa de negociación, tomando en cuenta que José Pérez Barboni, también de Seguimos, se mantendría leal a Juan Diego Vásquez, mientras que la expulsión de Carlos Saldaña de Vamos, deja un alfil suelto en el tablero.
La reelección del actual presidente de la Asamblea Nacional dependerá de que los panameñistas logren convencer a los CD y a los RM de que es mejor dejar las cosas como están, ya que así le está funcionando al órgano Ejecutivo. Lo otro, es la alianza improbable entre el PRD y Vamos, que dependería de un acuerdo entre Benicio Robinson y Juan Diego, una alianza improbable, pero no imposible.
¡Feliz Pascua!