- jueves 11 de agosto de 2022 - 12:00 AM
Acumulación compulsiva
Mucha avaricia en el ambiente. Avariciosos del patio tienen ganado el infierno. Distintos sindicatos se disputan ser los primeros de la fila. Aunque tienen sus necesidades satisfechas no hay forma humana de controlar el acaparamiento de beneficios no importa que hagan como la sanguijuela.
Mueve sus vidas el acaparamiento y la acumulación sin freno alguno y sin considerar a quien se llevan por delante.
Acumulación compulsiva a lo sanguijuela. Alguien que se los diga. Ya sea quienes pastorean ovejas o terapeutas expertos.
Para esa sanguijuela el próximo es un detalle y está tan ocupado en su acumulación desmedida e innecesaria que ni siquiera saca tiempo para darse unos minutos de felicidad ni reparar en cómo atropella a su semejante.
Aquellos polvos de egoísmo contranatura traen esta presente deslealtad, corrupción, asalto y tormento. Aunque los principios y valores tradicionales, sostenidos por la religiosidad, en principio, los promocionan, a ellos se sobrepone esa avaricia -en latín, avaritia-, que los mueve y los transforma en comején. Y se llaman humanos y asisten a misa mañanera.
Avaricia es la acumulación desmedida -e innecesaria- y su preservación, donde todo vale. Ese deseo sin control, incontrolable y desordenado de acumular bienes, riquezas u objetos de valor, más allá de las necesidades de supervivencia, para atesorarlos.
Recuerda el personaje Ebenezer Scrooge, del Cuento de Navidad (1843), de Charles Dickens (1812-1870).
Acaparar un producto perjudica a otros que lo necesitan.
La avaricia y la codicia son conceptos muy similares. Ambos tienen que ver con el deseo y la ambición desmedidos. Mientras que la avaricia tiene que ver con el afán por acumular y preservar lo acumulado, la codicia es una forma de ambición irrefrenable. La codicia es un deseo de riquezas exagerado e imposible de satisfacer. Es el amor a la riqueza por la riqueza misma.
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