Un año sin Chamaco: el silencio que dejó ‘La Voz del Ghetto’ en La Loma [Vídeo]

Hoy, al cumplirse un año de su partida, su familia revela quién era realmente ‘El Beby’, el muchacho de Pueblo Nuevo que pasó de vender pastillas con su madre a ser una importante voz del género urbano en Panamá
  • viernes 13 de marzo de 2026 - 12:00 AM

En el sector de La Loma, en Pueblo Nuevo, algo cambió para siempre. Donde antes había música, risas y reuniones entre vecinos, hoy el silencio se siente distinto.

Hace un año, una ráfaga de balas apagaron la vida de Rosario Abrocha Mina, conocido artísticamente como Chamaco, y desde entonces su ausencia pesa en cada rincón del barrio donde nació, creció y decidió quedarse incluso cuando la fama comenzó a tocar su puerta en el 2019.

El 13 de marzo de 2025 no solo murió un cantante urbano. También se fue el hijo, el hermano y el muchacho del barrio que convirtió las vivencias del ghetto en canciones.

A un año de su partida, su familia abrió por primera vez las puertas de su hogar para recordar no al artista que subía a los escenarios, sino al ser humano que dentro de casa era simplemente ‘El Beby’.

En la sala donde aún reposan recuerdos de su vida junto a unas fotografías, la tristeza sigue viva. Su hermana Milagros Arrocha reconoce que en su hogar el tiempo parece haberse detenido aquel 13 de marzo.

“El dolor sigue. El tiempo lo que ha hecho es ayudarnos a sobrellevar la partida de él, pero el dolor todavía está”, dice con voz pausada.

Para la familia, Chamaco no solo fue el artista del escenario ni el nombre que sonaba en las emisoras y las plataformas digitales. Era el niño que creció con ellos, el hermano menor que todavía buscaba asesoría para vestirse, pedía comida o bromeaba como cuando era pequeño.

“La gente conoce a Chamaco, pero aquí en la casa él era ‘El Beby’. A sus 34 años todavía me llamaba: ‘Mily, tengo hambre, hazme algo de comer’, o me decía que le rascara la espalda. Así era él”, recuerda Milagros.

Ese vínculo entre hermanos venía desde la infancia. Crecieron juntos en Pueblo Nuevo, compartiendo la escuela, la iglesia y las dificultades de una familia que trabajaba duro para salir adelante.

Su madre, Norelvis Mina, recuerda que desde pequeño Chamaco la acompañaba cuando vendía buhonería en la calle, especialmente en una esquina del Instituto Comercial Panamá.

“Él me ayudaba a vender galletas y pastillas. A veces nos sentábamos en un muro a descansar y él me decía: ‘Mamá, yo voy a estudiar, pero también voy a ser cantante. Yo te voy a arreglar tu casa”, relata.

Chamaco soñaba con comprarle una casa a su madre, a quien siempre le expresaba su amor con palabras y detalles.

Ese sueño empezó a tomar forma cuando apenas tenía 12 años. Fue entonces cuando le dijo a su madre que quería dedicarse a la música.“Un día me dijo: ‘Mamá, yo voy a ser cantante’. Y yo le dije que primero estudiara, pero él siempre tuvo eso en su corazón”, recuerda.

Un chico de barrio con talento

Antes de convertirse en una figura del género urbano muy popular en Panamá, Chamaco fue un joven que trabajó y estudió mientras perseguía sus sueños.

Ayudaba a su madre en sus ventas de buhonería y también trabajó como “pavo de bus” en la ruta San Pedro–Vía España, el mismo bus que manejaba su padre.

Al mismo tiempo apostó por la educación y logró graduarse como licenciado en Publicidad con énfasis en Mercadeo en el Centro Regional Universitario de San Miguelito de la Universidad de Panamá.

Mientras cursaba sus estudios universitarios, llegó a trabajar en la Alcaldía de Panamá en el departamento de Seguridad Municipal.

Pero la música siempre fue su verdadera pasión. Desde la secundaria escribía canciones. Sus primeros temas eran románticos, muy distintos a los que luego lo hicieron famoso.

Según contó Milagros, uno de sus primeros temas, ‘La hija de Luna’, no tuvo el recibimiento esperado. Durante una presentación en una discoteca, el público incluso llegó a abuchearlo, un momento difícil que, lejos de desanimarlo, terminó motivándolo a seguir trabajando en su música.

Con el tiempo entendió que su voz conectaba más cuando hablaba de la realidad que se vive en los barrios populares del país. Así empezó a escribir letras inspiradas en lo que veía a diario: las rivalidades, las dificultades del ghetto, pero también la hermandad entre vecinos.

Ese estilo lo convirtió en una voz auténtica del género urbano panameño. Canciones como ‘Caen y caen’ y ‘Paren firme’ lo catapultaron y comenzaron a sonar en discotecas, taxis y emisoras. Con el paso de los años grabó más de 100 canciones, muchas de las cuales aún permanecen inéditas, según confirmó su familia a El Siglo.

Chamaco se distingía por prender las tarimas en todas sus presentaciones. Este año su fanaticada lo extrañó durante los carnavales.

Tras su muerte, algunos de esos temas han visto la luz, como ‘Corazón sincero’, ‘Siete trompetas’ y ‘Gracias ghettos’, canciones que mantienen viva su voz.

Para su hermana, su legado musical es una responsabilidad que ahora le toca proteger. “Mi hermano dejó mucha música. Yo me voy a encargar de que su legado no muera, de que la gente siga escuchándolo”, afirma.

El artista que nunca se fue del barrio

A pesar de la fama y de las oportunidades que empezaban a surgir, Chamaco nunca quiso mudarse lejos de su comunidad. Aún seguía viviendo en la casa de su madre, en el mismo lugar donde creció.

“Él nunca se quiso ir de Pueblo Nuevo. Amaba su barrio y, sobre todo, no quería separarse de su mamá”, cuenta Milagros.

También recuerda que Colón, la tierra natal de su padre, ocupaba un lugar muy especial en su corazón. Ese cariño era mutuo, pues en esa provincia Chamaco siempre recibió el respaldo y el afecto de su gente.

Chamaco era un hijo muy amoroso. Norelvis recuerda que su hijo tenía una costumbre que nunca dejó. “Todos los días me decía: ‘Mamá, te amo’. Siempre me lo decía. Yo siempre les digo a los hijos que le digan a su mamá que la aman mientras la tienen en vida”, manifestó.

Su comida favorita también habla de sus raíces: porotos con rabito y arroz con coco. De hecho, ese fue el último plato que comió antes de salir de casa el día que lo asesinaron.

Chamaco también era conocido en Pueblo Nuevo por su generosidad. En Navidad organizaba actividades para los niños y compraba juguetes para repartir entre quienes menos tenían y el Día de las Madres hacía homenajes especiales para las mujeres de la comunidad, con comida y música.

Y cuando llegaba fin de año, las celebraciones en La Loma se convertían en verdaderas fiestas de barrio. “Él hacía parking aquí mismo. Ponía música, comida y la gente venía a celebrar. Le gustaba ver a la gente feliz”, recuerda su familia.

Para muchos vecinos, Chamaco no era solo un cantante. Era el muchacho que ayudaba cuando alguien lo necesitaba. Es ahí cuando se preguntan: ¿Por qué lo mataron, si ‘El Beby’ honraba y era muy querido en su comunidad? Una pregunta que aún no tiene respuesta, pues las investigaciones de su asesinato todavía no han concluido.

Hoy al cumplirse un año de su partida su familia solo pide justicia y mantener vivo su legado musical. “Que lo recuerden con esa sonrisa que tenía, con esa alegría. Así queremos que lo tengan en su memoria”, dice Milagros.

Milagros, quien era muy unida con su hermano Chamaco, aseguró que se encargará que las personas siempre lo recuerden a través de su música.