El sapo, ‘botica ambulante' de la biomedicina en Ecuador

También un biomarcador para el alzhéimer es otro de los ejemplos de investigaciones basadas en las secreciones de los anfibios.
  • sábado 21 de mayo de 2016 - 12:00 AM

ESTUDIO

En Ecuador, pequeños sapos han abierto el camino a la biomedicina a través de un ambicioso proyecto de investigación que pretende encontrar en ellos los remedios del futuro.

El centro Jambatu, dedicado al estudio de anfibios, es la punta del ovillo de una gran propuesta de largo aliento, que ha unido a la iniciativa privada y al Estado para alcanzar un fin: descubrir medicinas efectivas contra enfermedades que azotan a la humanidad.

Ese centro está situado en San Rafael, uno de los atractivos valles aledaños a Quito, donde los anfibios han encontrado un refugio y los investigadores una mina de conocimientos.

Jambatu, que pertenece a la fundación privada Otonga, debe su nombre al vocablo quichua para designar a los anfibios, especialmente algunas especies andinas que se encuentran en peligro de extinción.

El subsecretario de Patrimonio Natural del Ministerio de Ambiente, Miguel Sáenz, destacó la puesta en marcha del proyecto de conservación de anfibios que, además de proteger especies amenazadas, permitirá la realización de investigaciones en busca de productos biomédicos.

Y es que Ecuador posee en su territorio un 9 por ciento del total de especies de anfibios en el mundo, con cerca de 600 familias de ranas, 546 de ellas ya identificadas.

El estudio de ranas, según Sáenz, abre una oportunidad de oro para el país, pues puede constituirse en la ‘punta de lanza' para el cambio de matriz productiva en que está empeñado el Gobierno ecuatoriano, sobre todo con el uso de recursos genéticos.

El subsecretario cree firmemente en encontrar la respuesta a grandes enfermedades en las secreciones de los lomos de los sapos.

Para él, la riqueza natural de Ecuador, un país considerado entre los más megadiversos del planeta, permite ver que el desarrollo, ‘bajo un concepto de conservación, es factible y posible'.

María Dolores Guarderas, coordinadora del centro Jambatu, no solo afirma que ‘es necesario investigar qué se tiene en Ecuador', sino considerar que ‘ahí está el futuro'. Ella no duda en que se puedan encontrar productos biomédicos, incluso con fines comerciales, pero sabe que ese es un camino largo y de mucho compromiso.

Luis Coloma, director del centro Jambatu es también investigador de ‘Ikiam' y para él, las ranas y sapos representan un universo de conocimiento.

El proceso para obtener productos biomédicos, según Coloma, es complejo y largo. ‘Se necesitan recoger ranas o criarlas en laboratorio, se estudian las moléculas de las pieles, se las sintetizan, se las somete a pruebas bacteriológicas en microorganismos, animales y finalmente en humanos'.

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Las pieles de los sapos tienen glándulas que los protegen de virus, hongos y bacterias; son defensas que los pequeños anfibios han desarrollado a lo largo de su evolución.

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Sapos

REPRESENTAN UN UNIVERSO

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Luis Coloma, director del centro Jambatu, es también investigador de ‘Ikiam' y para él, las ranas y sapos representan un universo de conocimiento.

Se dice, en general, que las ranas son boticas ambulantes, pues tienen muchísimos recursos químicos de interés biomédico, señaló Coloma.