La historia del Quiosco Oller

  • lunes 29 de junio de 2026 - 12:00 AM

Por más de medio siglo, en la estación de Balboa hubo un quiosco que fue parte de la vida de usuarios y vecinos de este espacio. Fue un punto de encuentro donde viajeros, estudiantes y trabajadores se detenían, ya fuera para tomar un refresco y, de paso, leer algunas de las publicaciones que vendían. Un artículo del diario Spillway, publicado en 1991, lo describe como un comercio donde muchas personas de la comunidad recibieron un trato cortés y amable.

Se trata del negocio de los hermanos David y Charles Oller, quienes, según esa misma nota, trabajaron en él por 56 años. Iniciaron cuando eran adolescentes, ayudando a sus padres después de sus clases en el Balboa High School. Son dos de los cinco hijos que tuvo el matrimonio. Aunque no tuvieron descendencia, hoy sus sobrinos siguen resguardando la historia de una familia que se entrelazó con la cotidianidad de cientos de personas que pasaron por ese lugar.

Melvyn es uno de esos sobrinos, quien, junto a su esposa Elizabeth, conserva relatos y datos de sus antecesores, constatando lo que describe la publicación del Spillway y las memorias de algunos vecinos, que, de solo escuchar mencionar el comercio, exponen lo agradable que era convivir con los hermanos Oller.

Hay quienes, con una sonrisa en el rostro, aún recuerdan que al salir del colegio pasaban al puesto a comprar unas golosinas por unos pocos centavos y los hermanos Oller les permitían leer los comics y revistas sin necesidad de comprarlas. Recuerdos que aún valoran de los Oller.

De Cataluña a Panamá

De acuerdo con el Spillway, el quiosco inicialmente era propiedad de un escritor del Star and Herald, que decidió venderlo, oportunidad aprovechada por Henry Oller, padre de Charles y David.

Henry era un trabajador de la Zona del Canal y ocupaba el cargo de barbero en la estación de Balboa, inaugurada en 1915 como respuesta a las necesidades del nuevo entorno administrativo y civil que surgió tras la apertura del Canal. Nació en el año 1885 en Barcelona. Como muchos europeos, viajó para trabajar en el Canal. De acuerdo con Melvyn y Elizabeth, aunque no tienen constancia de una fecha exacta, estiman que se embarcó poco después de la Separación de Panamá de Colombia.

De acuerdo con un registro de servicio de la Compañía del Canal, Henry trabajó por un breve tiempo como pintor en agosto de 1906. Este documento reafirma los cálculos de los esposos Oller. Elizabeth cuenta que, aunque el abuelo viajó solo, estando en Panamá mandó a buscar a su novia, Mercedes Llibre Rabasa, quien emprendió la travesía junto a su madre, Vicenta Rabasa.

El matrimonio se realizó a distancia por medio de un poder, según pudieron conocer estos descendientes. De lo que sí hay fe es de la oficialización de este acto en Colón. En un libro de matrimonios obtenido vía FamilySearch (registros parroquiales y diocesanos, 1707-1982) se lee que la ceremonia fue efectuada en la Iglesia La Inmaculada Concepción de Cristóbal (Colón). El documento dice: “Certifico que el 29 de julio de 1907 he presenciado en la Iglesia Católica de N. Inmaculada Cristóbal el matrimonio que contrajeron el señor Enrique Oller Miguel, de 21 años de edad, natural de Barcelona, España, con la señorita Mercedes Llibre Rabasa, de 21 años de edad, natural de Barcelona, España. Los testigos fueron Antonio Careta y Manuel Noel”.

Cabe destacar que Oller, como cualquier empleado no estadounidense, trabajaba bajo la estratificación del Silver Roll. Solo los ciudadanos estadounidenses recibían los beneficios del Gold Roll.

El abuelo Oller fue un personaje destacado, no solo por ser propietario del quiosco, rememoran sus descendientes. En la historia zoneíta es recordado como el barbero de los gobernadores. Quienes ocuparon este alto mando llegaron a confiar exclusivamente en sus manos para su arreglo personal. Esa cercanía con las máximas autoridades hizo de él una figura ampliamente reconocida.

Tenía múltiples habilidades. Además de barbero, era un apasionado de la pintura. Pintó retratos de altos funcionarios, incluyendo uno del general George W. Goethals, pinturas que fueron exhibidas en oficinas administrativas del Canal, lo que demuestra que su talento trascendió los espacios de la barbería y de la propia estación. Entre otras destrezas, tocaba el violín.

Melvyn y Elizabeth relatan que a esta familia se le había asignado una residencia muy cerca de la estación, edificación que fue removida con las tantas modificaciones urbanas que ha experimentado esa zona.

El quiosco también tuvo sus cambios. El investigador de la historia del Ferrocarril de Panamá, Nodier García, explica que la estructura inicial era un octágono frente al edificio ferroviario. Luego, en 1974, cuando se remodeló la estación, se mudó a una esquina dentro de la estación.

Los sucesores de Henry

Henry falleció en el año 1948. Desde ese momento, Mercedes continuó al frente del quiosco con el apoyo constante de David, quien era el menor de sus hijos. Este operaba un pequeño taller de reparación de radios, instalado también dentro del espacio de la estación.

Mientras que Charles los auxiliaba los fines de semana, ya que él trabajó durante 36 años en la División de Transporte Motorizado del Canal, donde se jubiló.

El artículo de The Panama Canal Spillway, citado al inicio, fue hecho poco tiempo antes del cierre del local, debido a la transición e inminente transferencia de los bienes e instalaciones de la Zona del Canal a manos de la República de Panamá.

La publicación relata que muchos clientes expresaron su tristeza por el cierre del puesto de periódicos, un local que aún hoy es recordado con cariño por quienes crecieron pasando frente a su mostrador. Para muchos, el quiosco Oller fue más que un puesto de periódicos: a lo largo de sus años se convirtió en una parada obligada en la cotidianidad de la estación de Balboa.