El nacimiento más lento del mundo

Un cuento que resalta la vida silvestre y nos trae esperanzas
  • domingo 04 de enero de 2026 - 12:00 AM

Yoyi nació colgado de un árbol especial.

Era un árbol que unía caminos, mares y animales en una angostura, en un puente biológico.

En ese árbol todo pasaba y nada se perdía. Era muy frondoso, grande y se llamaba Panamá.

El árbol daba sombra a una casa distinta a todas. Esa casa tenía techos de colores como alas abiertas y sus paredes jugaban con el viento. Se llamaba Biomuseo, la casa que cuenta la historia de la vida. La diseñó un arquitecto muy famoso, Frank Gehry, porque su esposa panameña le dijo: –haz algo hermoso para mi tierra; haz un lugar donde los niños sepan que la vida es un tesoro.

En las copas de ese árbol gigante, nació Yoyi.

Desde las copas, Yoyi veía dos océanos brillar. Veía barcos cruzar despacio. Veía aves que llegaban y se iban. Veía personas distintas compartir el camino, sin prisa.

Yoyi nació lento y vivía lento por paz y seguridad.

Lento, pero seguro le enseñaron a vivir sus abuelos y tíos.

Los que van lento llegan mejor, le dijo su madre, Salem. Quien marcha lento, mira bien, y quien mira, cuida y se protege.

Yoyi era un perezoso de dos dedos. En ese lugar, perezoso no era palabra fea. Era un orgullo. Significaba ser prudente y atento a defender la vida.

Colgado del árbol, Yoyi vigilaba. No con ojos de miedo, sino con ojos despiertos, como quien cuida algo que ya ha visto perderse. Sabía que no todo dura para siempre.

Cuando creció, se mudó a un guarumo cercano, de hojas grandes y tiernas, su manjar favorito. El guarumo le regalaba alimento, sombra y tiempo.

Sobre las copas del guarumo, Yoyi siguió con su misión. Miraba a los niños pasar, detenerse, señalarlo. Los vecinos venían a verlo. Panamá seguía vivo bajo sus patas.

Los niños empezaron a imitarlo. Se colgaban de árboles imaginarios. Caminaban lento. Se ordenaba alto la acción. Sus caballitos de palo relinchaban, pero despacio. En coro, prometían que irían lento, pero seguro y que protegerían los árboles.

Yoyi sonrió, colgado del guarumo. Había cumplido su misión.

Cuando alguien vigila con calma, la vida se celebra. Cuando la vida se celebra, el mundo aprende a cuidarse mejor.