[Cuento] El legado del abuelo

  • domingo 28 de junio de 2026 - 12:00 AM

El abuelo Marco Araiza vivía junto a su esposa Lilia y sus siete hijos en una hermosa casa en el viejo barrio de Bella Vista. Su casa era un antiguo chalet, con varias habitaciones, incluyendo una pequeña biblioteca y un estudio.

Según recuerdo, él descansaba en una hamaca ubicada en su habitación donde recreaba dentro de su hogar su campamento como militar en el campo de batalla.

Ahora, el viejo se encuentra ya mayor, ha disfrutado a plenitud de su existencia a sus casi 80 años de vida, se encuentra recordando al Panamá de ayer, rememorando su infancia en el Casco Antiguo, sus idas al colegio cerca del mar, después sus estudios secundarios y universitarios en la ciudad de Bogotá. Así que él fue colombiano porque nació en el tiempo en que éramos un pequeño departamento colombiano.

Posteriormente, evoca su participación en la guerra civil del istmo de Panamá con los liberales del doctor Belisario Porras; debido a esto redactó sus memorias militares en un pequeño libro de cuentos, para que esto fuera recordado en el futuro por su familia.

Incluso puedo contar que el anciano fue un poeta y periodista, que cuando algún hecho vivido por él lo tocaba fuertemente, nacían bellos versos con rima y medida, y buenos artículos periodísticos que fueron publicados en la prensa pretérita panameña.

Entonces, ya dándose cuenta de que se encontraba a punto de partir al más allá, con más de ochenta años de vida, decidió redactar su testamento ahora que se encontraba perfectamente bien con sus facultades mentales, dejando todo en perfecto orden para toda su prole.

Entonces, sabiendo y presintiendo lo que se le venía encima a su familia con su próxima partida de este plano, decidió guardar 6 objetos mágicos escondidos dentro de su pequeña biblioteca personal, que tenía anexa a su habitación.

Estos objetos mágicos eran un antiguo violín de ciprés, una brújula antigua, una lámpara de aceite, un sombrero de copa, una pluma de pavo real y un reloj de bolsillo.

Días después de fallecido el abuelo, sus hijos prepararon sus funerales en una iglesia cercana donde acudió toda la familia.

Tras su sepelio tienen una reunión en casa donde disponen de sus bienes materiales y de su dinero por partes iguales. Años más tarde llegan sus bisnietos a compartir con sus tíos abuelos; se maravillan con su habitación de soldado, la profusión de imágenes y cuadros religiosos que poseía, además de su vasta biblioteca con libros de antiguas publicaciones.

Así que de pronto, su bisnieto Arnaldo, revisando un viejo libro editado a principios del siglo veinte, de repente le cae en sus manos un reloj de bolsillo, como los que se utilizaban en tiempos añejos, los que usaban los finos caballeros de inicios del siglo veinte con su leontina y demás.

Ah, y también la bisnieta Carla vio allí algo que le llamó poderosamente la atención; fue un hermoso sombrero de copa, y ella llegó a imaginarse que con ese antiguo sombrero algún día iba a convertirse en maga y en una carpa iba a hacer actos de magia, aunque realmente nunca en su vida hizo cosas así, pero ella sabía que las intentaría hacer.

Ahora estudiará un tutorial de magia dentro de su celular y pretenderá practicar este arte antiguo solo en su habitación personal, para luego salir al mundo a dar a conocer su arte escénico y fantástico.

Y su primo hermano Arnaldo está emocionado y contento con su reloj de bolsillo, investigando al respecto, y no despegándoselo jamás e intentando vestirse como un caballero de antaño, y este asunto le ha causado hilaridad y profundo estupor a su madre y a su novia, que lo observan un poco extraño por su obsesión con ese viejo reloj.

Entonces, al pasar el tiempo, la joven Carla se volvió una gran maga que sacaba conejos de su sombrero de copa y hacía con el otro acto de magia para un selecto público infantil y juvenil, y Arnaldo disfrutó a montón su reloj del bolsillo hasta que llegó a quedar inservible y fue tirado al cesto de la basura.