La refundación del Hospital Santo Tomás en 1819

II Parte
  • domingo 02 de agosto de 2026 - 12:00 AM

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En el artículo anterior dejamos pendiente la controversia entre los vecinos y las autoridades sobre quién debía asumir la custodia del hospital. La decisión final favoreció a los frailes. Sin embargo, las diferencias persistieron. Esta vez, la polémica giró en torno al entierro de los difuntos en la Capilla de Nuestra Señora de la Asunción, práctica respaldada por el gobernador Enríquez de Sotomayor. La discusión fue intensa y, finalmente, el gobernador impuso su criterio, a pesar de que esta medida representaba un riesgo para la salud pública. En este caso, prevaleció la tradición sobre las consideraciones sanitarias orientadas al bienestar común.

Otra de las disputas relacionadas con el Hospital San Juan de Dios tuvo su origen en su administración. Desde el siglo XVI, el hospital era administrado por el Cabildo con el asesoramiento de un síndico nombrado por la Real Audiencia. Sin embargo, esta estructura administrativa generó crecientes desacuerdos entre fray Luis de Berlanga y los vecinos de la ciudad. Estos últimos sostenían que la administración del hospital debía quedar bajo la dirección de una junta civil, mientras que los frailes defendían la continuidad del modelo existente. Las tensiones se intensificaron sin que las partes lograran alcanzar un acuerdo, por lo que la Corona tuvo que intervenir. Finalmente, el rey resolvió que lo más conveniente era mantener la dirección del hospital en manos de los frailes.

Otro de los antecedentes de los hospitales en el Istmo fue el Hospital de San Juan de Dios, administrado por los vecinos de la ciudad. Una situación similar ocurrió en Natá, donde fray Juan de Burgos estableció un hospital siguiendo el mismo modelo de organización. A finales del siglo XVII, el asalto y posterior incendio de Panamá la Vieja provocaron la destrucción de estos hospitales, haciendo imposible su restauración. Entre los establecimientos hospitalarios que marcaron la historia de la asistencia sanitaria en el Istmo, el más importante fue el Hospital Santo Tomás. El monseñor Pedro Mega aporta valiosos datos sobre la fundación de este hospital. Según sus investigaciones, fue el obispo Pedro Ladrón de Guevara quien promovió su creación en 1695, como respuesta a la necesidad de restablecer la atención hospitalaria tras la devastación de la ciudad.

Su ubicación se encontraba extramuros de la nueva ciudad, en el sector que hoy corresponde a los barrios de San Felipe y Santa Ana. El 22 de septiembre de 1702 quedó establecido en el sitio donde posteriormente se levantó el Teatro Variedades. El hospital contaba con asistencia espiritual para los enfermos. Entre 1705 y 1708, esta labor estuvo a cargo de Juan de Dios Martínez de Salas, quien era responsable de la atención religiosa del establecimiento.

Contrario a lo que sucedió en 1671, en el incendio en la nueva ciudad debido a que los tres siniestros que se dieron en la nueva Panamá el 2 de febrero de 1773 y el segundo el 31 de marzo de 1756. Las llamas no llegaron al hospital. Sin embargo, para esos momentos el deterioro del hospital fue lentamente. El dinero no era suficiente para su manutención. Ante el inminente momento de angustia, se remoza la educación al fundarse la Universidad de San Javier en 1749.

A diferencia de lo ocurrido en 1671 con la destrucción de Panamá la Vieja, el Hospital Santo Tomás logró salvarse de los incendios que afectaron a la nueva ciudad. Entre los más devastadores se encuentran el del 2 de febrero de 1737 y el del 31 de marzo de 1756, cuyas llamas no alcanzaron el edificio hospitalario. No obstante, el hospital experimentó un progresivo deterioro debido a la insuficiencia de recursos económicos para su mantenimiento. La escasez de fondos dificultó su funcionamiento y conservación, agravando la situación de la institución.

Las deficientes prácticas sanitarias constituyeron uno de los principales problemas durante la época colonial, hasta el punto de que muchos vecinos las consideraban parte de la vida cotidiana. Esta realidad era común tanto en Portobelo como en Panamá la Vieja. El sofocante calor era señalado como la principal causa de las enfermedades. Los veranos se consideraban especialmente insalubres, mientras que, durante la estación lluviosa, el agua se estancaba en las cercanías de las viviendas, favoreciendo la proliferación de enfermedades. Además, las intensas precipitaciones inundaban las calles, dificultando el tránsito de personas y mercancías.

El hospital contaba con asistencia espiritual para los enfermos. Entre 1705 y 1708, esta labor estuvo a cargo de Juan de Dios Martínez de Salas, quien era responsable de la atención religiosa del establecimiento.