Recordar es vivir
- domingo 27 de febrero de 2011 - 12:00 AM
Parece increíble que como regresa el pasado a cambiarle la vida a las personas, por eso esta historia se llama recordar es vivir, pues se trata de un hombre y una mujer que fueron novios, para no decir que amantes, en su juventud y, muchos años después, ya con hijos y nietos, se reencuentran y vuelven a sentir la llama que una vez los quemó.
Todo sucedió cuando Armando, de 58 años de edad, casado con Nieves, de 45 años de edad, padre de tres hijos y cinco nietos, se reencontró con Diamantina, de 48 años de edad, madre de dos hijos, uno de los cuales es policía, aún sin nietos, y casada con Horacio, un marino de barco atunero.
Armando y Diamantina fueron novios en los años 80, tuvieron un romance que acabó hace mucho tiempo, pero ahora con el reencuentren temen que renazca, lo que les pareció peligroso, pues están casados y no quieren destruir sus respectivos hogares, lo que además sería un escándalo para ambas familias.
Pero pudo más el amor que temor inicial, pues ambos empezaron a salir a diferentes partes. Armando no tenía problemas porque su esposa era casera y poco salía a la calle. Diamantina menos porque su marido es marino y se le pasa más pescando atún, que atendiendo el hogar, ausencia justifica diciendo que él que quien lleva el sustento al hogar.
Una tarde Armando visitó a Diamantina en su casa en San Miguelito. Fue recibido con besos y abrazos, se acostó en una hamaca, mientras que la mujer fue a la tienda a comprar arroz y lentejas, para hacerle una comida al invitado.
En esos momentos llegó Rogelio, el hijo de Diamantina que es policía, y se sorprendió al ver a otro hombre acostado en la hamaca de su padre, fumándose un cigarrillo. Inmediatamente le preguntó sobre su presencia y Armando le dijo que que es amigo de su madre. El tongo iracundo sacó su revólver y lo obligó a irse, pero cuando su madre regresó lo reprendió.
Diamantina prefirió dejar las cosas como estaban, pues su hijo ---con justa razón--- estaba celoso. Tenía que a su padre le dieran candela mientras se jode en el mar, sacando atunes para la venta en el Mercado del Marisco.
Pero el tiqui tiqui que Armando y Diamantina se tenían era más fuerte y lograron verse a escondidas. Se refugiaron en un hotel barato de Calidonia, pero cuando estaban en lo que estaban---recordando viejos tiempos---, alguien gritó… ¡fuego!, ¡fuego! y todas las parejas que estaban en trampas salieron en estampidas, pero la puerta donde estaba los dos quemones, tuvieron los bomberos que tumbarla, los sacaron y fueron llevados al cuarto de urgencia del Hospital Santo Tomás, porque tenían leves quemaduras. Con tan mala suerte, que Rogelio, el hijo policía de Diamantina, llegó hospital y se enteró dónde y con quién estuvo su madre.
El escándalo fue grande, porque ambas familias se enteraron de las aventuras de los dos veteranos de guerra, pero los hijos y nietos perdonaron a Armando, pues decían que su único delito fue querer reverdecer sus laureles, pero a Diamantina no le fue tan bien, pues sus hijos le advirtieron que dejara de quemar a su padre, de lo contrario se lo dirían y se irían a vivir a otro lado, con su abuela y con su padre, el pescador de atún, y que ella se quedaría sola por pensar que recordar es vivir.