Racista
- sábado 21 de noviembre de 2015 - 12:00 AM
Mucho se oye decir que ‘carne blanca, perdición del negro', y fue algo parecido lo que le pasó a Roger, quien nunca se había fijado en una mujer mayor que él, y al que jamás en sus 35 años le habían dicho no. Su desgracia empezó cuando lo nombraron lejos de la casa, lo que significaba que ‘no dormía abrigado', y ese era su mayor sufrimiento. ‘Estar lejos de la paila para mí es como morir poco a poco', les decía a los amigos que también experimentaban semejante calvario.
Mientras Roger agonizaba, en el pueblo había otra persona sufriendo, era Nilsa, la mujer más tetonzona que él y sus compañeros, según los comentarios que se oían apenas llegaban de la faena, habían visto por esos contornos. La de las tetas grandes estaba recién abandonada de su marido, y se encerró en su casa por varios días a llorar su pena, que no duró mucho porque su vientre siempre con hambre de hombre no la dejó consumirse en la melancolía, gracias a que, como dice el refrán ‘cuando uno dice que hiede, otro afirma que huele', apenas salió el marido de Nilsa aparecieron varios dispuestos a poner el pecho para consolarla.
No hay mal que por bien no venga, le dijo la propia Nilsa a una amiga, refiriéndose a que ahora estaba mejor que cuando vivía casada, pues su cartera estaba siempre con platita y sin trabajar, calvo en la cama, y ‘lo mejor, pruebo varios, no como antes que a diario me comía el mismo manduco', afirmaba Nilsa feliz y volando cintura que daba miedo. Ese ‘destape' de la abandonada coincidió con una de las crisis de Roger, quien, animado por los que habían ido a ‘gozar' a Nilsa, decidió abordarla cuando la vio en un minisúper, siempre con media teta afuera.
La saludó y ella le contestó con cortesía, provocando en Roger una seguridad de lo que estaba en su mente y le soltó clarito lo que quería: ‘Mira, mami, qué te parece si te visito esta noche o salimos por ahí a conocernos, tú sabes que yo te he admirado desde que llegué, pero antes no te decía nada porque estabas casada y yo respeto mucho el matrimonio, pero ahora que estás solita yo puedo abrigarte y estoy dispuesto a ayudarte'.
Nilsa tragó grueso y sus senos subían y bajaban con un ritmo violento que Roger interpretó como un sí silencioso y urgente que le daba ella. ‘Vámonos ya', le gritó y fue entonces cuando sintió como que lo tensaban de las orejas y lo balanceaban como a un muñeco de Año Viejo delante de todos. ‘Un momentito, no sé cómo te llames, yo no seré estudiada ni conozco la capital, muy ignorante como creerás tú, pero de eso a tirarme un negro no, hasta allá no llego yo', fue la respuesta de la tetonzona, que dejó al pretendiente sin palabras y congelado. Pero reaccionó enseguida y violentamente. La agarró de un brazo y la zarandeó como a una cosita de poco peso mientras la insultaba de retrasada, ignorante, chola, campesina bruta y cuanto insulto conocen los capitalinos que en su ciudad menosprecian y ultrajan a los interioranos. ‘A mí me matarás, pero prefiero eso que dejarme coger de un prieto como tú', le gritó Nilsa cuando Roger la soltó, y eso lo enfureció tanto que le pegó varias bofetadas, provocando que el chino dueño del comercio soltara varios disparos al aire y llamara a la Policía, que vino enseguida y se lo llevó acusado por todos los que estaban en el minisúper. La compañía lo botó enseguida y la familia de Nilsa le juró que eso no se quedaba ahí. ‘Hasta tu propia casa te vamos a seguir, para que tu mujer sepa qué es lo que andas buscando por acá', le dijeron los hermanos de la ofendida y le sonaron el filo al enfurecido Roger, quien también juró vengarse.
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Ignorante: Hasta allá no llego yo, con negros nunca.
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Dadivoso: Dámelo, mami, te voy a soltar buco chenchén.