Quién de los dos es el papá
- lunes 04 de julio de 2016 - 12:00 AM
El faitin entre Luisa y Felicia estaba anunciado desde siete meses antes, cuando ambas supieron que la hija de la primera se lo había soltado al hijo de la otra. ‘Ese pelao no es de mi hijo, mi chiquillo todavía lo tiene chiquito', dijo Felicia, y Luisa la fulminó con la mirada y la esperó en un callejón, donde le echó las manos al cuello y la obligó a retractarse de lo dicho. Con la cabeza hizo movimientos afirmativos de doblegarse, pero apenas Luisa le quitó las manos de la garganta se le fue encima y la enfrentó a punta de lengua primero, y luego se fue a los puños, la otra se defendió con una patada en el bajo vientre y hasta allí llegó la bravuconada, porque cuando Felicia se levantó para reiterar que el miembro de su hijito todavía no alcanzaba su tamaño normal, llegaron los policías de la ronda de medianoche y se las llevaron para la corregiduría; allí se dijeron de todo, Felicia aseguraba que a la hija de Luisa la habían visto arrecochinada con otros por ahí por la casa abandonada. Luisa se levantó y reiteró: Sí, mi hija ha hecho brochita con otros, pero al único que se lo dio fue a tu hijo, así que el bebi es de él y que le pase desde ya la pensión porque ella necesita sus medicamentos y sus medicinas. Salieron de ahí convertidas en enemigas y Luisa le gritó a Felicia que el día que su hija pariera no quería verla en el hospital, ‘no vayas porque te saco arrastrada por los pelos de allá abajo', le gritó, y la otra lanzó al aire un salivazo en señal de que la guerra estaba declarada y que no daría su brazo a torcer.
Pero la ley y la condición de menor de edad le ganaron la pelea y como su hijo todavía era un adolescente, le tocó a Felicia llevar cada semana un aporte para la embarazada, quien dos días después de conocerse el estado de felicidad cumplió la mayoría de edad. ‘Voy a subir y a bajar cuantas escaleras me pongan enfrente, para quitarle la pensión porque ya ella no es adolescente', aseguró Felicia, pero en el Juzgado la pausaron debido a que el embarazo había ocurrido cuando aquella todavía estaba sin cédula, de manera que se retiró rabiosa. Su instinto femenino o el materno, le gritaban que ese hijo no era de su hijo. Consultó con varias vecinas, a quienes les dijo que su sospecha la fundamentaba en que el pelao todavía lo tenía chiquito. Algunas de las oyentes opinaron que eso no era decisivo a la hora de la hora, ‘si se le para y se le afloja es señal de que ya está posesionado de su talento', ‘claro que el pipí chiquito también preña, si no fuera así, no estaría la Tierra superpoblada, además, qué edad tenía tu marido cuando te preñó, etc.', repetían las mujeres curiosas.
Los meses fueron corriendo y no se reconciliaron las dos mujeres, hasta que llegó la hora del alumbramiento y la noticia la supo Felicia, quien se fue directo al hospital porque consideraba que si había pagado puntual la cuota tenía derecho a ver al nieto. Coincidieron las dos en el ascensor, donde solo se miraron, pero apenas salieron del aparato, Luisa empujó a Felicia y esta le devolvió el toquecito duplicado; se enfrascaron y vino enseguida un seguridad a poner orden. El hombre escuchó el motivo de la disputa y le dijo a Felicia que tenía derecho a entrar, por lo que la mujer se fue derechito a la cunita del bebé, al que le vio un lunar en forma de estrella en le bracito derecho, idéntico al de su marido, solo que en el brazo contrario. El mundo se le vino encima y se fue para su casa, donde halló a su marido y a su hijo mirando un partido de fútbol. Supo enseguida que su mentira de antaño volvía, que era su marido el papá del bebé recién nacido…
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Prevención: Ella solo hizo brochita.
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Realidad: El pipí chiquito también preña.