Las queridas del político

D os aspectos, entre muchos otros, debe considerar el casado que decide tener relaciones extramatrimoniales. Uno, y el primero: si tiene...
  • sábado 30 de julio de 2011 - 12:00 AM

D os aspectos, entre muchos otros, debe considerar el casado que decide tener relaciones extramatrimoniales. Uno, y el primero: si tiene suficiente combustible para diferentes autos; y otra, también muy importante: si de verdad tiene pantalones largos para hacerle frente a las consecuencias.

Desde antes de ir a la escuela, Sócrates dio muestras de su personalidad politiquera, por eso los vecinos le apodaron ‘Mentirita’, y cuando fue al kínder se dio gusto sacándole los emparedados y jugos a los otros niños, pero tenía una habilidad para tirar la piedra y esconder la mano que la maestra nunca pudo descubrir quién hacía desaparecer productos de las loncheras y útiles de las mochilas. Eso sí, Sócrates iba todos los días a la escuela, aunque los gremios educativos anunciaran paro, él se presentaba a sus clases, ayudaba a barrer, conversaba con los pocos docentes que iban, con el director y con quien por allí anduviera. Un estudiante de Psicología, que estuvo por ese plantel investigando la reacción de los niños ante las amenazas de huelga, comentó: ‘este niño tiene madera de diputado’. Y así ocurrió, en unas elecciones que muchos calificaron como ‘sospechosas’, Sócrates fue elegido como diputado de un circuito en el que el transfuguismo ha hecho de las suyas.

Apenas tomó posesión de su cargo, y para estar a la moda, se buscó una querida. Después de una exhaustiva elección se decidió por Mayuli, porque tenía juventud y físico de querida de legislador, pues él decía: ‘pa’ vejez y fealdad, conmigo basta’.

Mayuli, aunque joven, guapa y con mucho bulto donde a los panameños les gusta, tenía su corazoncito, y quería que él estuviera a su lado siempre. En esa dizque preocupación andaba cuando lo comentó con Bebita, una secretaria del Legislativo, y aunque al principio las charlas eran de consejitos y comentarios sobre las interpartidarias, de repente les dio por emparejarse. A la semana de amoríos, Bebita exigió que terminara definitivamente con

Mayuli, y aunque él le dijo que sí, que era una orden, no lo hizo porque aquella tenía un meneíto tan rítmico que a él, a pesar de sus sesenta recién cumplidos, lo hacían sentirse como de veinte.

La esposa y las dos queridas casi estaban volviendo loco a Sócrates, a quien el día se le iba en inventar tres mentiras, y lo que era más difícil, cómo responder sexualmente sin parecerse al quitafrío de la gallina.

Un día en que no sabía cuál mentira inventar, se le ocurrió fingirse enfermo, lo que no le costó mucho porque realmente casi lo estaba.

Habló abiertamente con un médico, quien aceptó ayudarlo, certificando una fuerte inflamación de la próstata, que requería una semana de reposo.

Con esto pudo tranquilizar a la esposa, mientras Mayuli y Bebita, por su condición de queridas, tuvieron que armarse de paciencia y esperar. Esa semana fue para él un oasis, pero casi al término de esta, su esposa, 25 años más joven, le agrió la felicidad, pues pidió lo suyo, ignorante de que él estaba cuidándose para poder responder en la calle, fue entonces cuando se le ocurrió inventar que el doctor le había prohibido tener relaciones sexuales durante 15 días, precisamente, mami, le dijo, para evitarte cualquier infección u otra cosa.

A su regreso, ya ‘recuperado’, Mayuli lo esperaba con ansias, y Bebita, que no estaba muy convencida de la enfermedad, lo acorraló a la salida y se le metió en el carro. No pudo chifearla, se vio ante la urgencia de dos mentiras más: una para la esposa y otra para Mayuli, que no dejaba de llamarlo. En el hotel, mientras él se bañaba solo con agua, porque su mujer tenía un olfato gatuno, Bebita aprovechó para contestar el teléfono y, después de insultar a Mayuli que no se quedó atrás, acordaron encontrarse al día siguiente para ‘negociar’. Transcurrió el día ante la extrañeza de Sócrates porque Mayuli no lo había llamado y Bebita se retiró antes de la hora de salida, sin despedirse de él. Como había atendido a Bebita el día anterior, consideraba que la prioridad era Mayuli, insistió varias veces y el celular seguía apagado. Escuchó sonar su teléfono y contestó ansioso pensando que era Mayuli, pero era su esposa quien amablemente preguntaba cuánto tardaba en llegar. Antes de entrar a su casa, miró el teléfono en busca de la llamada, pero nada. Entró contrariado y para disimular gritó: ya vine mamita, casi no pudo terminar de decirlo porque la boca se le llenó de un líquido amargo, las sienes palpitaban frenéticas mientras una nube negra le impedía volver a mirar el impactante cuadro: en diferentes sillones, serenas dialogaban sus tres mujeres. Despertó varias horas después en la sala de una clínica adonde fue llevado por un vecino. Aún no ha decidido qué rumbo tomar cuando le den de alta, lo único que le preocupa ahora es cuidarse para que nunca vuelva a disparársele el azúcar…_