Pachitas por siempre
- viernes 02 de enero de 2015 - 12:00 AM
Todavía faltaban varios minutos para que llovieran los abrazos y las felicitaciones entre los vecinos, quienes se encontraban reunidos para ver la quema del muñeco de Año Viejo, el cual, según muchos, era muy parecido a Bolivón, el marido de Doralys, otra de las vecinas presentes en el espectáculo de fin de año.
La mujer se retiró un poco y, Soledad, otra vecina, soltó su bilis: ‘calvo, barrigón y feo como ‘Bolivón’, solo le falta la pachita’.
Al comentario, unió una carcajada que nadie más celebró, por lo que la deslenguada no volvió a decir ni pío, pero sí se unió al abrazo colectivo que imperó poco después, hasta al mismo injuriado lo abrazó y le dio el beso del Judas, igual hizo con Doralys, a quien mantuvo abrazada más de lo usual y le dedicó unas palabras de pura armonía y cordialidad para el 2015.
Almorzaba Doralys cuando llegó una joven que andaba coqueteándole a su hijo mayor.
‘¡Ay!, doña Doralys, yo casi me agarro anoche con Soledad, se estaba burlando de don Bolivón, dijo que al muñeco solo le faltaba la pachita para ser idéntico a él’, dijo la coqueta, y enseguida Doralys se levantó para ir a la casa de Soledad a reclamarle. En el apuro se le cayeron los lentes que ella misma pisó, pero nada la detuvo. Cruzó la calle y entró al hogar ajeno. ‘Qué es lo que hablas tú, cabrona, si tu marido vive pegado a la pacha, además, el mío ya está en proceso de dejarla, es su primer propósito para el 2015, él solito hizo su lista de metas, no como el tuyo, que ni siquiera intenta dejar ese vicio’, gritaba Doralys y conforme hablaba se acercaba a la otra que a esa hora degustaba el primer almuerzo del año, y como la vio tan agresiva agarró el muslo del pavo, y con él en la mano la amenazó de rompérselo en la cara si daba un paso más.
Nunca se supo si fue la falta de los lentes, pero Doralys retrocedió despavorida y gritando ‘Soledad me va a matar con un puñal, cogió un cuchillo de la mesa para matarme’.
El hijo mayor paró el romance que tenía en la hamaca con la pelá y corrió a la casa ajena a cobrarse la amenaza; en un segundo apareció el otro hijo de Doralys y los tres de Soledad, todos con el filo listo para enfrentarse. Las pocas mujeres que se percataron del hecho formaron una gritería tan intensa que no tardó el vecindario en presentarse a la casa de Soledad a azuzar a los dos contrincantes. Ninguno recordaba los abrazos dados horas antes, los peleadores se amenazaban acercándose peligrosamente, pero no se tocaban ni un pelo.
Los ‘ay, Dios, que se la mete, ay, mi madre, suelten ese filo, muchachos, que sus papás no dejarán la pacha hasta el día que se mueran, ay, san Bayardo, ya veo las vísceras rodando y a los perros comiéndoselas’ se oían por doquier hasta que los captaron los oídos de Lina, la dueña de ‘Sultán’, el único perro fino del barrio. La dama sintió terror de que su can estuviera entre los que degustarían las vísceras humanas y llamó a la Policía.
Tres patrullas forrados en tongos llegaron, justo cuando el hijo mayor de Doralys le daba un rasponcito en el brazo al menor de Soledad, quien gritó y cayó de rodillas pidiéndole perdón a la otra por haber insinuado que el marido era un borracho.
Sobraron manos policiales para calmar a los revoltosos que soltaron los puñales apenas sintieron el olor a botas de tongo.
Ninguno de los debutantes en el uso del filo puso resistencia cuando los policías les ordenaron subir al carro del Estado.
‘Vamos, muchachos, suban a dar un paseíto a la Corregiduría, acompañen a estos dos borrachines que estaban libando en el perímetro de la bodega. ‘Santo Cristo, son Bolivón y el marido de Soledad los que llevan en el patrulla’, comentaron varios.