El mecánico del amor
- lunes 20 de enero de 2020 - 12:00 AM
Carlos se ha dedicado a la mecánica por más de 20 años desde que salió de las aulas del Artes y Oficio y a parte de su oficio en el cual le va muy bien, es un don Juan porque si hay algo que le gusta más que engrasarse las manos es lanzar piropos a las féminas y en especial a Sandra, oriunda de Las Palmas en la provincia de Veraguas, que con 48 años aún permanece dura, ya que se divorció a los 23 años y desde entonces no ha librado batalla como debería hacerlo una dama de su edad.
A penas llegó al barrio de Samaria, Carlos se hizo notar con su vehículo de segunda, comprado a pulso y pulmón luego de varios años de realizar el oficio que más le gusta como lo es la mecánica, siendo una característica las manchas en su ropa y manos tan negras como el petroleo.
Mientras tanto, Sandra ya pasados los 40 sólo espera recoger un buen botín para cumplir con su jubilación siendo cajera en una reconocida cadena de supermercados la cual ahora sus propietarios son extranjeros y la mayoría de los empacadores se les siente su acento marcado.
Para ella los viernes no sólo son para comer mariscos sino como se dice por ahí 'Hoy es viernes y el cuerpo lo sabe' para denotar que una vez el reloj marque el fin de su jornada de labores lo posterior o lo que sigue es pura plena o farra como se conoce en los barrios populares.
El mecánico que no sólo ya la había visto sino que además lo traía de cabeza y tumbao quería llevarla a pasear tal vez por la Cinta Costera o de 'Window Shopping' aunque esta última opción no le convencía mucho porque tal vez le iba a representar un gasto para darle el gustito a la chichi.
Al verla repentinamente a las 7:00 p.m. en la tienda cercana a su cuarto de alquiler, Carlos le pitó, bajo el vidrio y le pidió su celular al mismo tiempo que le extendía una invitación para salir a comer ceviche o pescado y despejarse un poco en la Cinta Costera.
Sandra aceptó de una vez pero con la condición que le brindara un apoyo ya que debía pagar la cuenta de luz que era de 18 dólares con 50 centavos.
En seguida el mécanico escribió la fecha para que no se le olvidara y le prometió a la chica una tarde muy placentera.
Al llegar el jueves por la noche ya la veragüense se encontraba en su domicilio viendo la novela de las 9:00 p.m. y esperando el partido de béisbol contra los metrillos.
Se comunicaron por celular y establecieron la salida como lo conversado viernes 7:00 p.m. al mercado del marisco y luego un paseillo por la ya famosa Cinta Costera.
Para resumir se llegó el viernes y como el dicho ¨Hoy es viernes y el cuerpo lo sabe'¨ así se vieron en el punto indicado fueron a comer y alcanzando ya las 11 p.m. ella le dijo que lo sentía un tipo muy serio, romántico, enamorador, sincero y hasta chistoso por lo que no dudaron en ir a contemplar la luna hasta el amanecer.