El bagre
- domingo 01 de mayo de 2016 - 12:00 AM
Muchos decían que yo estaba bien buenona, que no entendían cómo podía perder mis mejores años como querida de Adán, y digo querida por darme un nombrecito siquiera, pero de eso a la realidad había mucha tela que cortar, porque a lo largo de la historia de las relaciones prohibidas, la querida da lo suyo, pero recibe plata, y bastante, a veces le dan más que a la de la casa. A mí, Adán no me daba ni medio centavo partido en tres, al contrario, la mayoría de las veces me tocaba a mí pagar el push y, lo peor, hasta comprar la comidita que nos comíamos luego del asalto para recuperar fuerzas. Mi hombre- fenomenal siempre andaba limpio, pero como yo lo amaba tanto, no me parecía mal su pobreza, al contrario, hasta me compadecía a veces y sacaba de mi cartera y le metía unos billetitos en la de él, para que no anduviera limpio. Mientras le robaba minutos de felicidad a ‘esa', como llamaba yo a la esposa de mi novio, pasaba el tiempo imaginándome cómo sería ella, si me superaría en belleza o en cuerpo, si tendría los ojos negros o claros, la imaginé tantas veces, mis investigaciones orales y a través de las redes fueron en vano, les pregunté a varios compañeros si la conocían, pero nadie pudo calmar mi curiosidad. Tras muchas noches de desvelo imaginándome a mi rival, a la que yo suponía hermosísima, porque por algo Adán debía quererla tanto, tuve la oportunidad de verlos juntos un domingo que salí a comprarle lotería a mi abuela, quien se antojó de números bajitos y solteros, ‘no me compres nada casado, que esa palabrita es prohibida para mí' me dijo y me fui pensativa en si habría sido alguna indirecta o una casualidad. Caminé bastante y sin éxito, parece que ya es historia conseguir un número bajito que lo vendan soltero, así que puse de mi plata y pagué el bendito guantú que nunca sale, y ya me iba cuando oigo la voz de mi amado pidiendo diez tiras de 23. Miré enseguida y los vi, de la mano, supe enseguida que era ‘esa'. Sentí como que me elevaban y me soltaban desde arriba suavemente, cuando aterricé, las piernas me temblaban y toda yo era una gelatina. Me agarré del carrito del raspadero y le pedí cinco raspados. Allí estuve hasta que los vi irse, porque quería radiografiar de espaldas a ‘esa'. Me puse feliz con lo que vi, mi rival sobrepasaba el cuerpo tipo refri, era como ver una puerta. No pude comerme los cinco raspados, pero los regalé y me fui feliz para mi casa. Por fin la había visto, esa no podía competir conmigo ni siquiera en un concurso de mantequilla. Y derramé toda mi felicidad a través de las redes, llamando bagre a la mujer de mi amado. Escribí tonterías sobre mi estado de ánimo, anoté reflexiones sobre cómo pueden algunos desperdiciar sus mejores años al lado de un bagrecito, y ya ni recuerdo lo dicho acerca de las mujeres feísimas. Hasta subí una caricatura titulada El bagre y el bello…
Menos de media hora pasó cuando me llamó Adán vuelto el diablo, exigiéndome que quitara esa vaina o me dejaba para siempre. Discutimos violentamente y yo me di el gusto de echarle en cara la fealdad de su esposa. Fue a mi casa más tarde, iracundo, intentó forcejear conmigo para obligarme a quitar la caricatura, pero yo no me dejé y le pregunté qué había hecho el bagre para amarrarlo. ‘La amo', me dijo y allí mismo le solté la acetona en los ojos, salió gritando auxilio, pero yo no me compadecí. Me acusó de intento de homicidio, pero yo argumenté que llegó a mi casa con ganas de violarme, tuvo él que retirar la acusación, y, al parecer, no piensa reconciliarse conmigo, ha preferido al bagre antes que a mí, que tengo una cara pasable y un cuerpo de esos que ansían casi todos los panameños.
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Feíta: Ojos de pez, cara de luna llena y cuadrada.
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Detalle: A las queridas les dan más plata que a la misma esposa.