El autosecuestro
- jueves 29 de septiembre de 2011 - 12:00 AM
Genelao, encorajinado, emitía un rosario de imprecaciones al mundo y a quien lo oyera, desesperado porque el cotidiano, pero desagradable tranque no lo dejaba avanzar. Ese día había amanecido más cabreado que nunca, porque solo tenía el pay de la casa, y eso lo ponía de un humor de los mil diablos.
Genelao entendía la vida en términos de trabajar para comprar buena comida y tener siempre dos mujeres: la de la casa, que, según sus cuentas, no es buena en la cama, pero es la principal y a la que se le tiene miedo; y la de la calle, que es la que sí le saca de verdad el estrés y el cansancio, y a la que hay darle plata.
Más tarde, en una fonda, pidió sus seis tortillas con muchos pedazos de bofe y café con leche. Allí conoció a Lucy, una sensual mujer que vestía un suéter de tela delgada que ‘casi’ dejaba ver unos pezones del tamaño de medio dedal, y desde ese momento, ya no tuvo paz. En su mente solo estaba el momento en que pudiera pegar su boca en ellos y quedarse allí por los siglos de los siglos.
Al cabo de una semana, el ánimo de Genelao andaba por el suelo porque Lucy, la de ojos asiáticos, pero de tetas colombianas, no le soltaba nada, ni siquiera una rochadita para calmar la sed.
Genelao tuvo que inventar un autosecuestro, porque Lucy quería tener su primer encuentro con él en un hotelito ubicado en tierras chiricanas.
Así, mientras su mujer hacía mil cosas para reunir, en una semana, el dinero para pagar el rescate de su marido, este se daba gusto perdido en los brazos de Lucy, quien aunque decía que era un negocito, bien que le gustaban todas las vainas que el secuestrado le hacía.
Llevaban tres días metidos en el hotelito cuando Lucy recibió la llamada de ‘Potencia’, su man de planta, quien al igual que Genelao sabía someterla y ponerla a ver estrellas a cualquier hora del día.
Lucy le insistió a Genelao para que salieran a comer algo. Y en eso estaban cuando -pistola en mano- un hombre entró al restaurante y se llevó a la fuerza a Genelao ante los ‘gritos de terror’ de Lucy, quien suplicaba que llamaran a los uniformados o que alguien hiciera algo, pero que salvaran a su ‘esposo’.
Al día siguiente, después de una noche de intensa lluvia, unos niños avisaron a sus madres que entre el monte había un señor desnudo y tembloroso pidiendo ayuda.
Desde la capital hasta Puerto Armuelles viajó la esposa de Genelao, acompañada de sus padres y hermanos, a buscar al pobre hombre que por andar de tramposo casi pierde la vida a manos de unos verdaderos secuestradores…
Mientras, Lucy y ‘Potencia’ disfrutan del dineral que la fiel esposa de Genelao pagó por su rescate.