La china burlona

Se decía por los caminos que la mujer del chino del minisúper le tenía ganas a Lorena, porque esta llegaba hasta diez veces al día a com...
  • sábado 02 de noviembre de 2013 - 12:00 AM

Se decía por los caminos que la mujer del chino del minisúper le tenía ganas a Lorena, porque esta llegaba hasta diez veces al día a comprar a su tienda y todas las veces iba con medio pecho afuera, lo que ponía a Chang nervioso. Dos veces la china le había metido su pescozón al mirón, pero este no se enmendaba, es más, hasta se rumoraba también que alguien oyó decir al chino que se moría por probar las tetas panameñas. Este comentario nació en un juego de bingo, dio la vuelta por el pueblo y llegó a oídos de la china por boca de una deslenguada que no tenía plata para el almuerzo y para conseguirlo fiado endulzó a la cantonesa echándole el cuento.

‘Dijo la china que va a parar a Lorena apenas se le resbale a Chang y que le va a arrancar todos los pelos’, salió diciendo contenta la necesitada con su paquete de macarrones debajo del brazo y un pollito esmirriado en la otra mano. Quienes la oyeron le dijeron que previniera a la china, porque la fama de la mano de Lorena era de temer, pero la otra no les hizo caso y siguió feliz a cocinarle el almuerzo al marido flojondango que tenía en casa, para cubrir las apariencias nada más.

La pelea, para la que ya había apuestas, llegó temprano en un día de duelo. Lorena llegó al minisúper, esta vez vestida decentemente, con un ramo fragante de flores naturales. ‘Bonitas las floles, bonita quien las lleva’, fue lo que dijo Chang y esto encendió la ira de su mujer, quien le preguntó a Lorena que para quién eran esas flores.

Se las llevo a mi madre muerta, dijo Lorena y se fue, pero se regresó casi enseguida, apenas oyó la carcajada de la china, quien se burlaba diciendo que los muertos no tienen nariz.

Repite lo que dijiste, china macaca, repite lo que dijiste, cabrona, gritó y sacudió a la cantonesa que intentaba marcar lo que pedía un cliente. Dije que lo repitas, exigió Lorena, pero la otra siguió marcando hasta que la doliente la jamaqueó con tanta fuerza que la china sintió que la silla iba rumbo al piso y se levantó.

No jodas, le gritó a Lorena en perfecto español y le dio una rozadita en el rostro, que tuvo la fuerza de un huracán, porque la panameña sacó las manos y cruzó tres veces el rostro extranjero. Fue el cliente quien las separó justo cuando llegaba Chang con su carro lleno de plátanos.

Su mujer corrió a reclamarle en su lengua, pero este la empujó y le pidió disculpas a Lorena, quien recogió sus flores y tomó rumbo al camposanto mientras el chino reprendía duramente a su mujer.