Chat rompehogar
- miércoles 17 de octubre de 2018 - 12:00 AM
Cuando Denia supo que su hijo había llegado descalzo a la casa, dejó que su lengua dijera todo lo que le iba sacando la ira causada por la dejadez del pelao para cuidar lo que ella le compraba con tanto sacrificio, y cuando terminó de recitar su poesía obscena, rompió a llorar con tanto desconsuelo que las compañeras organizaron una actividad para comprarle los zapatos al chiquillo, pese a que ella decía que no le compraría ni sebo, que como castigo tendría que asistir descalzo al colegio, para que aprendiera a no jugar fútbol con los zapatos puestos.
Aurora, la buenagente del grupo, sugirió una venta de hojaldres con salchichas asadas y chicha, de ahí saldría suficiente para que el niño no pasara la vergüenza de llegar a su escuela con los pies pelados. La necia que nunca falta le preguntó a Denia si el papá del muchacho no la ayudaba con los gastos de la escuela, y Aurora, que era la viva encarnación de la inocencia, le recordó a la preguntona que el niño de Denia era huérfano desde el vientre, y añadió segura de lo que afirmaba: ‘Ya se te olvidó que al papá de Johnny lo mataron los maleantes cuando Denia apenas estaba en el segundo mes de embarazo, hay que tener más caridad al hablar'.
Y la calló con su explicación, poniendo manos a la obra de inmediato, por lo que salió en su carro a comprar harina y los otros productos para la actividad procalzados de Johnny, el huerfanito de padre. Fue un éxito, todos los de la empresa colaboraron, el único que no bajó a cooperar fue Donato, el marido de Aurora, pero ella le mandó un envoltorio con cuatro hojaldres e igual cantidad de salchichas, porque ella era una de las que pregonaba que al esposo hay que atenderlo de maravillas con las dos comidas, para que nunca ande hambriento ni busque ese alimento en otras damas.
Iba Aurora satisfecha de su buena acción, contenta porque Johnny no iría con los pies pelados a la escuela, y así se lo manifestó a Donato, que llevaba cara de machete y casi no había hablado en el camino, por lo que ella le preguntó melosa y diligente si se sentía mal o si le dolían los testículos o qué le pasaba. ‘No me duele ni v…, solo que no veo por qué hay que hacer colecta para comprarle los zapatos al chiquillo ese, por qué Aldo, que se anda tirando a Denia, no le dio la plata, le toca a él que le está dando manduco, a él y a nadie más le corresponde soltar el billete para los gastos del hijo de ella o es que se lo está dando gratis', dijo traqueado Donato, dejando a su esposa con los ojos cuadraditos por la sorpresa.
Ninguno habló en el resto del viaje, pero esa noche, Donato se sentó solo en la terraza, callado, reacio a ir a la cama conyugal, mientras su esposa lo observaba desde la habitación, fue a golpe de medianoche cuando lo vio chateando, brevemente; no tardó en acostarse y dormirse, pero en ella había llegado, para quedarse, el insomnio. Esperó a que se durmiera profundamente para maniobrar el teléfono, pero no pudo abrirlo, por lo que llamó a la compañera que muchas veces había dicho que uno de sus hijos era experto abriendo celulares. ‘Ese es hasta más bellaco que cualquiera de los chinitos más expertos, el sábado le abrió uno a la vecina y ahí estaba todo el historial del perro marido de ella'.
Fueron solo dos timbrazos, porque la compañera era del sueño ligero; convinieron el precio. ‘Yo voy a su casa', anunció Aurora. En menos de diez minutos estaba leyendo el chat que Donato le había mandado a Denia: ‘Cuando Johnny necesite algo, pídemelo a mí que soy su padre, o pídeselo al nuevo maridillo infeliz que tienes, pero no exhibas al pelao ni lo expongas a la lástima, él tiene un papá vivo, y te lo voy a quitar si sigues abriéndotele a Aldo'. Duro fue para Aurora volver al hogar mancillado…