La bruja de Río Hato
- sábado 28 de mayo de 2011 - 12:00 AM
Por el simple hecho de ser oriunda de Río Hato, todos los vecinos del histórico caserío de Panamá La Vieja la consideraban como una bruja, razón por la cual todas las desgracias que sucedían se la achacaban, inclusive las peleas entre marido y mujer, situación que tuvo que enfrentar porque su concubino la obligó a tirar puñetes y defenderse de las malas lenguas, pero al final descubrieron que la mujer era una bruja, porque ella misma lo confesó.
Es el caso de Melva, quien nunca había pisado la capital, nació y creció en Río Hato, pero al juntarse con Agapito, un conductor de la ruta de Antón, decidieron mudarse para la jungla de concreto y como el dinero no alcanzaba para los gastos, tuvieron que alquilar un cuartito en el sector de Puente del Rey, en Panamá La Vieja.
Agapito logró conseguir trabajo como conductor de la ruta de Panamá La Vieja, donde a duras penas sacaba para los gastos del hogar, sin contar que aún no tenían hijos, trató de conseguir en el Metrobús, pero lo rechazaron porque era chaparro, flaco y feo, por lo tanto, no clasificó para el nuevo sistema de transporte de la capital.
Una tarde, cuando la vecina Celia estaba limpiando el patio de su casa, encontró un frasco con una agua mal oliente, con pelo humano, alfileres incrustados en una fotografía tipo carné de un hombre, lo que le dio miedo, ya que había escuchado que era brujería, pero prefirió guardar silencio por el momento.
¡Pero qué va!, el misterio la obligó a contárselo a otra vecina, Salomé, quien enseguida dijo que era Melva porque no le habla a ninguna otra persona, lava su ropa y la han visto barriendo el cuarto a altas horas de la noche, por lo que supuso que es propio de las brujas de Río Hato.
En el barrio, los maridos empezaron a golpear a sus concubinas y por eso trajeron al cura de la Iglesia católica, quien oró por los vecinos, ya que durante tres semanas, encontraron otros frascos con fotografías de algunos vecinos que tenían miedo y empezaron a dudar de Melva, a quien consideran la bruja.
El rumor había llegado a oídos de Agapito, quien salió en defensa de su concubina, esta guardaba silencio, por eso una tarde Melva, obligada de su marido, se enfrascó con Salomé a puño limpio, greñas y patadas, quienes fueron separadas por dos policías, quienes las condujeron a la Corregiduría de Parque Lefevre.
La corregiduría estaba repleta de vecinas que acusaban a Melva de ser la bruja del barrio, ya que antes que viviera en ese lugar no había pasado tantas cosas malas, inclusive abandonos de maridos a sus mujeres, árboles que dejaron de dar frutos, jóvenes que no han podido tener hijos y hombres que no quieren trabajar y se la pasan fumando hierba, detrás de las ruinas.
Cinco policías fueron asignados a darle una revisada a los patios de las casas y encontraron osamentas, lo que llamó la atención a los arqueólogos por tratarse de un lugar que fue una ciudad colonial.
¡Pero qué va papá!, eran huesos sacados del cementerio cercano, dentro de cartuchos, pelo humano, fotografías de los hombres y peor aún de la propia Salomé, quien se mudó el mismo día. Por su parte, la propia Melva confesó ser la bruja, pero lo hacía para protegerse de las otras brujas, como consideraba a las vecinas que querían quitarle el marido, como si fuera tan bonito.
A Melva la condenaron a dos años de prisión , pero sus padres la sacaron al pagar la multa. Agapito se mandó a perder, por eso regresó la tranquilidad al sector de Puente del Rey, a parte de que pusieron un letrero que dice… ‘Vecinas Vigilantes, contra las Brujas’,