Borriguero por iguana
- domingo 10 de octubre de 2010 - 12:00 AM
El juzgado estaba repleto de familiares, amigos e invitados a la boda por lo civil entre Rosa María y Eduardo, quienes tenían cinco años de novios, que preocuparon a los padres de la hermosa recién casada, la luna de miel estaba previsto para un hotel en Boquete, donde el frío sería la prueba de fuego, para ver si el hombre daba bolas o la mujer bajaba la calentura que la sofocaba.
El juez dio su aceptación para que el matrimonio fuera legal, tanto los invitados como los familiares se fueron a la casa de los padres de Rosa María, donde celebraron en grande este acontecimiento, ya que es la hija única, pues sus otros tres hermanos, son varones.
Nadie se percató cuando los recién casados se fueron en su carro, ya que estaban en la fiesta y no para ver cuándo y por dónde se iban Rosa María y Eduardo, quienes se mandaron a perder.
Al día siguiente, llegaron a Boquete y caía, como es natural, una lluvia ligera, se alojaron en el hotel, donde habían hecho la reservación, fueron recibidos por el dueño, un chino de ojos bien cerrados, quien les ofreció una botella de vino tinto y un queso blanco, que se llevaron para la habitación, mientras que el conserje cargó las dos maletas con sus ropas, ya que se iban a quedar quince días.
Llegó la noche y la mujer no quería que Eduardo la viera desnuda, por eso se cubrió con una bata, apagó la luz y se acostó, no sin antes acomodar la almohada, para evitar que su marido, no se percatara que tenía una media calva en la parte trasera de la cabeza.
El hombre, por su parte, se dio un baño con agua caliente, salió desnudo, se puso colonia, se acostó al lado de la recién casada, quien se supone era señorita, por eso empezó a tocar y tocar, que empezaron a dar ganas de otras ganas.
La recién casada, se paró de la cama, advirtiendo que quería orinar, pero se demoró casi media hora lo que preocupó a Eduardo, quien le tocó la puerta, para saber que estaba sucediendo, pero la respuesta fue… ¡Nada mi amor, me estoy poniendo bonita para ser tuya! y aseguró que nunca en su vida había estado con hombre alguno, que alegró al hombre, quien porfiaba que iba a comerse un virgo.
La hermosa mujer salió y trataba de decirle algo a Eduardo, por eso le pidió que escuchara lo que le iba a decir, le aseguró que cuando tenía 18 años de edad, estaba montando una bicicleta, pero cuando iba a dar una vuelta, se cayó la silla, por eso quedó clavada en el tubo y perdió la virginidad.
El ahora esposo no se creyó el cuento, al contrario la insultó, ya que dijo que quién sabe cual fue el diablo que se llevó ese virgo, por eso la mujer se puso a llorar y le recordó que podían divorciarse, si quería.
Pero la noche era fría, así que se acostaron para esperar el día y regresar a casa, pero la mano del hombre empezó a tocar tamuga, lo que lo motivó, la mujer aflojó las piernas y quedaron amarrados como un mafá.
Así se la pasaron los quince días, regresaron a la ciudad, donde los padres ya les tenían un apartamento amueblado por los lados de El Carmen, al tiempo recibe la noticia que iba a ser padre, lo que se celebró en grande, por eso arreglaron el cuarto que sería del bebé, mientras que los abuelos, festejaban.
Llegó el día y nació el que todos esperaban, regresaron a casa, pero el bebé tenía los ojos cerrados, lo que preocupó a Eduardo, quien lo llevó a una clínica privada, y le dijo que su hijo tenía los ojos cerrados, pero para su sorpresa, el galeno, le dijo que el niño no tenía los ojos cerrados, sencillamente era hijo de algún chino. ¡Ardió Troya!. Le pasó el cuento de cómo había perdido el virgo, pero no le perdona que el chino, del hotel en Boquete, sea el padre de su hijo, porque le metieron borriguero por iguana.