Bien cotizado (parte 3)

En la entrega de ayer finalizamos con el sonido de la ambulancia llegando a la entrada de la pensión donde don Lolo se había metido con la Fula.
  • sábado 04 de enero de 2020 - 12:00 AM

En la entrega de ayer finalizamos con el sonido de la ambulancia llegando a la entrada de la pensión donde don Lolo se había metido con la Fula. Las dos investigadoras, aunque les picaban los pies por regresarse y sumarse al tumulto de curiosos que coparon el sitio, siguieron de largo a la parada, que estaba cerca de la 5 de Mayo.

Entre la muchedumbre se hablaba que un don había sufrido una emergencia en un cuarto y que lo llevaban directo al Santo Tomás. También comentaban que al don lo encontraron en paños menores y que estaba solo en la habitación, algo raro porque la empleada que recibe a los clientes asegura que no subió solo. Los camilleros bajaron la paciente y lo metieron casi forrado para que la gente no le tomara fotos y las anduviera subiendo a las redes.

Desde antes de que amaneciera, en el mercado San Felipe la noticia corría como pólvora. Las dos investigadoras, cuya función diaria es hacer la limpieza del local, contaban una historia sazonada con sus propios ingredientes, ya que ellas solo vieron la ambulancia de lejos y no se atrevieron a regresarse. Decían que al viejo le había dado un faracho en plena acción y que la Fula, la misma que lo buscaba en el mercado cuando el don comenzó a ‘chanearse' al estilo de los pelaos, se había perdido en vez de brindarle los primeros auxilios.

En la tarde, cerca de las cuatro de la tarde, las dos investigadoras se fueron al Santo Tomás, más que preocupadas por la salud del paciente, iban dispuestas a conocer la cocoa tal como ocurrió y para eso tenían la esperanza de colarse haciéndose pasar por dos vecinas. Si los esposos le reclaman por llegar tarde, razón de sobra tenían con la enfermedad del don y de todos era sabido que no tenía parientes ni cercanos ni lejanos.

Se sentaron en unas bancas gastadas hasta la hora de visita. A esa hora, una marea humana se esparce por todas las salas del nosocomio. Si no se sabe el nombre y apellido del paciente hay que mirar desde la puerta de las salas. El apellido de don Lolo ninguna de las dos se lo sabía.

Después de media hora de intensa búsqueda, vieron al don en una camilla, acostado se veía más chiquito de lo que era. Los demás pacientes de la sala tenían varios familiares alrededor de la cama, don Lolo estaba solo. Sin perder tiempo, porque en unos 10 minutos el guardia anunciaría el fin de la hora de visita, le conversaron al don de todo, hasta de política.

Como parte del plan, el último minuto era para sonsacarlo y que le soltara la sopa de lo que le había pasado en la pensión. Para sorpresa de ellas, don Lolo no les soltó ni media palabra y hasta se hizo el chivo loco cuando le dijeron que lo sacaron desmayado de una pensión. Enojadas por haber perdido el tiempo, cuando bajaban el último tramo de escalera, se toparon con la Fula, que las miró con cierto desprecio cuando se percató que eran ellas. En ese momento, las investigadoras juraron en venganza. Continuará.