Bien cotizado (fin)
- lunes 06 de enero de 2020 - 12:00 AM
Las tres mujeres protagonizaron tremenda cartelera de mongo en la acera del Santo Tomás y nadie, pero nadie, se metió a separar a las gladiadoras. Muy por el contrario, encendieron las cámaras y filmaron la pega completita. A los segundos ese video rodaba en las redes y la gente comentaba de todo, que si la Fula no pudo porque ellas eran dos, que si las dos le hicieron trampa a la Fula al rasgarle la blusita para que los manes se deleitaran, que si las dos doñas tenían que ir presas por darle semejante golpiza a una inocente jovencita. Se hacían todo tipo de cavilaciones en los comentarios, y vaya que la gente tiene que hacer, que se manda comentarios de más de una página.
Las tres mujeres las condujeron a la casa de paz. Así se llaman las corregidurías desde hace uno tiempo. En algunas han cambiado las cosas, en otras solo el salario del mediador o juez es distinto, más de mil palos. Cuando le tocó el turno a las tres damas, explicaron el caso y se le impuso un par de dólares de multa. Para desgracia de ellas, ninguna cargaba esa cantidad, así que la otra opción era pagar eso en trabajo comunitario. Durante una semana, las dos investigadoras faltaron a las labores en el mercado San Felipe para cumplir con el trabajo comunitario. Durante esos días, se corrió la voz de puesto en puesto que las habían metido presa por andarse peleando al viejo Lolo en una sala de hospital. Por supuesto que esto no le llegó a los oídos de los maridos de ninguna de las dos.
Volvieron al empleo calladitas y esquivando las conversaciones de la gente. Que se habían ido al entierro de unos tíos en Dolega, le decían a los vidajenas que preguntaban por qué no trabajaron la semana pasada. Poco a poco retomaban el rumbo normal de sus vidas, mientras de la Fula no se sabía nada, pero el video sumaba y sumaba vistas y estaba cerca de convertirse en eso que llaman un video viral. Cuidao y de ahí la sacan para que protagonice una película de esas que requieren de personal con bastante pechonalidad.
A los quince días, una mañana de miércoles, el que se apareció de nuevo por el mercado fue don Lolo. Casi nadie lo reconocía, vestía las camisas de antes, esas que las traspasaba el sol de lo clarito que estaban del desgaste y los pantalones anchos. Caminaba despacio y se apoyaba con un pedazo de palo de escoba. Fue donde la Chanita que vende los chances divorciados y le compró un pedacito de 04, su fecha. La chancera, al tanto de todo lo que pasa dentro y fuera del mercado, trató de sonsacarlo para que soltara la lengua. Nada.
Don Lolo se tomaba una taza de café negro cuando las dos investigadoras lo vieron desde la esquina. Caminaron hasta donde estaba el don sentado y se le plantaron a pocos metros. Don Lolo ya no era un cisne, había vuelto a ser el patito feo. Las dos damas, en vez de sentir lástima del don que perdió el subsidio con la denuncia que ellas hicieron, le resumieron la desgracia en una frase: eso le pasa por viejo zorro.