Amuleto que nunca falla 3

Chinto llegaba a la casa y se acomodaba en el sofá por horas. No hablaba, solo tecleada cuando le preguntaban algo
  • jueves 09 de enero de 2020 - 12:00 AM

Resulta que la esposa de Chinto se despertó con el ladrido de los perros y lo esperaba en el sofá. Aunque eran muchas las veces que el man se le perdía por un par de horas, a ella le molestaba eso y se olía que en algo raro andaba. No sabía qué, pero esa espinita la punzaba a toda hora. Los días siguientes, lo castigó con la mitad del ‘lonche' que le preparaba para el trabajo. Chinto, a pesar de llevar con orgullo el carné de ‘botero' del Canal, no nadada en recursos para comprar comida en la calle. Ya sabemos que cuando se da sus escapaditas se las apaña como puede, con el prestamista o con los compañeros de trabajo que le prestan sin interés.

Chinto llegaba a la casa y se acomodaba en el sofá por horas. No hablaba, solo tecleada cuando le preguntaban algo. Ese anda en algo, pensaba la Serafina, así se llama la esposa. Y se hizo la desentendida porque ya tenía un plan. Esperaría que se durmiera y le revisaría el celular. La estrategia era arriesgada porque Chinto es de los que duerme con el aparato debajo de la almohada. Esperó un día, dos, una semana, y nada. La esposa siguió cumpliendo con sus deberes hasta que Chinto, después de una tarde de billar, llegó trastabillando a la casa. Hoy es el día, pensó Serafina apenas lo vio caminando como si atajara pollo por la acera.

La esposa, pensando fino, le sirvió buen plato de comida y hasta el caso de agua se lo puso al lado del pebre. El man comió distraído, con la mente volando lejos, como un pelao cuando se enamora hasta los huesos. Terminó la última palada de arroz y cayó rendido en el sofá. Serafina le acomodó las piernas y le puso un cojín en la cabeza. Esperó media hora, cuando los ronquidos competían con el abanico, y zaz, sacó el celular del bolsillo.

Se fue a la cocina y probó varias claves. Al final la pegó con el nombre de él y su fecha de nacimiento. Comenzó a revisar y cuando topó con el nombre de una fulana, por casi le da un faracho. Anotó el número en un papelito y antes de apagar el aparato tuvo tentada a mandar un par de mensajes a la susodicha. De todo lo que leyó, algo que se le clavó directamente en el corazón fue eso de ‘cuándo vamos de nuevo a comer helado con ceviche al terraplén'. Que recordara Serafina, Chinto nunca la había invitado a comer semejante menú. La última vez que fueron al cine fueron por una película para los pelaos.

Pasó algunos días con la candela ardiendo en sus entrañas. Cuando ese fuego se fue apagando, comenzó a planear detalladamente la venganza, que sería, en sus propias palabras, ejemplar para esa roba marido.

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