No culpes a la brujería por tu desamor

Llevaba días escribiéndome al correo electrónico un caballero que para cuidar su identidad llamaré Roberto.
  • martes 30 de abril de 2019 - 12:00 AM

Llevaba días escribiéndome al correo electrónico un caballero que para cuidar su identidad llamaré Roberto.

Al citarnos, para poder consultarlo presencialmente veo que está algo callado y sin muchas palabras o poco que contar.

Solo me comenta que viene en busca de solucionar su tristeza. Lleva algunas noches sin poder dormir y últimamente las cosas no estaban saliendo bien para él.

Entre el agua florida y el humo de tabaco, le indico lo que mis espíritus me dicen. Lo que se hace a conciencia no tiene perdón, que como él estaba sufriendo hizo sufrir a una dama con humillaciones y desprecio.

Roberto lo acepta, me indica que había humillado de las formas más crueles a su pareja y que ella había terminado la relación.

Pero no lo veía justo, porque él la quería y esperaba que ella comprendiera que solo eran cosas que a veces hacen los hombres.

Roberto venía a buscarme para poder hacerla regresar y le respondí que llegó al lugar no indicado, ya que fue el que falló y ella ya se había cansado de tantos días de sufrimiento; no era justo derramar una lágrima más por el.

Primero debía encontrase en paz con el mismo, ya que sus acciones eran resultado de crecer creyendo que el mundo gira a sus pies.

En su cabeza tenía conflictos del pasado e inseguridades como hombre, eso lo hacía dudar de cualquier sombra.

Con todas esas tormentas no podía dar felicidad a nadie, por que el mismo no podía ser feliz.

Por el momento debía retirarse como el caballero, que no supo o no aprendió a ser.

Pedirle disculpas a su examor y seguir su camino.

Buscar liberar todos esos dolores y temores, para que pueda ser un hombre centrado en sus decisiones y noble en sus acciones. Ya que si no se respeta y quiere el, mucho menos podrá darle amor a otra persona. Y nadie esta para terminar o empezar a educar a un hombre ya maduro.

Lo envié a la iglesia a poner una vela blanca a Obatala o la Virgen de las Mercedes para que le diera paz a su cabeza y nunca más cometiera esa falla con alguna otra mujer en su vida.

Nunca fuerces a tu lado, lo que no pudiste mantener en calma. Desde un rincón de luz y fuerza.