Por qué “hablar sucio” es más que solo gemir

  • sábado 28 de febrero de 2026 - 12:00 AM

A menudo tratamos el sexo como si fuera un examen de improvisación. Entramos en la habitación esperando que la química haga todo el trabajo pesado, confiando en que nuestra pareja tenga un doctorado en nuestra anatomía personal. Pero aquí está la verdad incómoda: nadie nace con el mapa de otra persona. La trampa de la “espontaneidad”

Tenemos una obsesión cultural con que el sexo debe ser “natural”.

Creemos que si tenemos que explicar qué nos gusta o dónde preferimos que nos toquen, se rompe la magia. Sin embargo, esa misma mentalidad es la que nos lleva a encuentros mediocres y silencios incómodos.

El deseo no es un interruptor de encendido y apagado; es un proceso complejo que involucra tanto la excitación psicológica como la respuesta física. Sin comunicación, estamos intentando armar un mueble de IKEA sin instrucciones y en la oscuridad.

La clave para una vida sexual vibrante no está en aprender una posición nueva del Kamasutra cada semana, sino en el mapeo erótico.