‘Mi hijo cambió su vida’

El teléfono celular de Carlos Conforme Pérez suena de repente. El hombre, de 60 años, está sentado en un sillón negro en la sala de su c...
  • jueves 09 de mayo de 2013 - 12:00 AM

El teléfono celular de Carlos Conforme Pérez suena de repente. El hombre, de 60 años, está sentado en un sillón negro en la sala de su casa. Hay silencio. Hay tristeza. 18 horas han transcurrido desde que asesinaron a balazos a su hijo Carlos Conforme Calderón, de 36 años, en Santa Eduviges, en Tocumen.

-Deme unos segundos- me dice.

Alguien le pregunta por el celular qué sucedió.

-Mataron a mi hijo Carlos y ya sabes cómo me siento- dice el hombre de aproximadamente 1.80 metros de estatura, corpulento y de tez blanca.

Mientras Carlos conversa conmigo dos jóvenes sentadas en la sala nos miran en silencio.

Carlos me cuenta que la última vez que observó a su hijo fue el martes, cuando estuvo todo el día en su casa, ubicada en Belén de Tocumen.

Ese día, ‘Calito’ comió, se bañó y como a las 7:00 de la noche le dijo a su padre que se iba para su casa.

-Papá, me voy- le dijo.

-¡Ten cuidado!- le advirtió.

‘Calito’ se montó en su auto Hyundai Elantra y se fue.

Treinta minutos después le vinieron a dar la terrible noticia: habían baleado el vehículo de su hijo en Santa Eduviges.

Con el corazón en la garganta, Carlos salió corriendo y llegó a la escena. Como tenía la esperanza de que su hijo aún estuviera vivo, rompió el vidrio trasero del auto para verificar su condición. No se movía. Cuando llegaron los paramédicos y lo examinaron, determinaron que ‘Calito’ estaba muerto.

Carlos, quien trabaja como seguridad, dice que no sabe por qué mataron a su hijo.

‘Lo vi tranquilo. Si tenía enemigos no lo sé, yo no me metía en su vida privada’, aclara al tiempo que se lleva la mano derecha a la cabeza. En sus ojos se asoma la tristeza.

-¿Su hijo estuvo detenido alguna vez? - le pregunto.

Guarda unos segundo de silencio. Luego me responde.

-Sí, él estuvo preso por 12 años en el centro penitenciario La Joyita, por el delito de robo a mano armada. Pero eso fue cuando él tenía 19 años. Él cumplió su condena. En los últimos cinco años cambió su vida y empezó a asistir a una iglesia evangélica- dice.

Tanto fue su cambio que hace dos meses salió del barrio de San Joaquín, donde residió casi toda su vida, y se mudó a una casita en el sector de Santa Isabel, en Cabra de Pacora. Ahí vivía con su esposa, sus hijos y su madre.

El mayor sueño de ‘Calito’, según su padre, era ayudar a sus hijos y comprarse una casa.

Carlos se ganaba la vida comprando mercancía en la Zona Libre de Colón y luego se la revendía a los buhoneros de la Tumba Muerto.

Para el próximo Día del Padre pensaba organizar un agasajo para los papás que habían sido pandilleros.

-Esta situación está crítica, me preocupa la violencia que hay. En las calles hay mucha gente mala- dice Carlos.