El capitán Gaitán burló a la CIA y escapó de la Nunciatura

‘Estoy preparado para lo peor y nunca me voy a entregar a un país ocupado', Asunción E. Gaitán
  • domingo 24 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

La noche del 2 de enero de 1990, miles de muertos ya estaban evacuados de las calles de la ciudad de Panamá tras la invasión, la resistencia de grupos armados adeptos al general de las Fuerzas de Defensa, Manuel Antonio Noriega (MAN), había terminado, siguió la negociación con el nuncio Apostólico, José Sebastián Laboa, quien lo entregaría horas después a los Estados Unidos.

El escolta personal de Noriega, desde 1987, el capitán Asunción Eliécer Gaitán Ríos, de 32 años, había sido llamado a esta misión por su gran preparación militar, en Argentina e Israel; especialista en operaciones especiales, paracaidista, experto en explosivos, en rescate y operaciones antiterror, estaba con él.

¿Qué pasó?

Un exagente de Contrainteligencia Militar (G-2) de las Fuerzas de Defensa de Panamá (FFDD), a quién llamaremos el ‘Sargento Campana', describió a El Siglo, un perfil cercano de Gaitán y su extraordinario talento y capacidad.

‘Nadie conocía a Asunción, es más creo que una de las razones por las que fue llamado por el equipo para cubrir al comandante, fue porque nadie lo conocía a cabalidad; otro requisito era la gran preparación, juventud e inteligencia', confirmó el Sargento Campana.

Gaitán Ríos, recibió un duro entrenamiento militar en Argentina, país con uno de los más grandes ejércitos de América del Sur; fue capacitado para dormir solo dos horas al día con extraordinario dominio de su mente y cuerpo.

‘Desde que fui llamado a la protección del general, yo estudiaba todos los días cómo podían matar y secuestrar a Noriega, anteponiendo a la guerra de las Galaxias, que se supone que nos aplicarían los estadounidenses en caso de un atentado, lo que yo llamo guerra de cavernas. Es decir, cuando no eres fuerte en tecnología, tienes que recurrir a la malicia y al engaño', respondió Gaitán, reservando su técnica al diario español El País.

Los últimos días

Raquel Duarte Cisneros, otra exagente del G-2, hoy con sus cabellos blancos y semblante cálido, recuerda que Asunción ‘era un hombre intrépido y sagaz, MAN lo sabía por eso era su hombre de confianza'.

Duarte Cisneros declaró que ‘desde la medianoche del 20 de diciembre, todos los operativos de la inteligencia panameña sabían que debían mantener las comunicaciones en cero, ya que eran interceptadas y bloqueadas desde el cuartel de la CIA en el túnel de Quarry Heigths'.

‘En pleno combate el capitán Asunción y un grupo de cuatro oficiales se dispersaron de la cercanía del general Noriega, para evitar ser identificados por nuestra contra parte gringa', reveló la oficial de inteligencia.

‘A pesar de que todo el Estado Mayor había desaparecido, los mandos medios y algunos de la tropa hicieron frente a la poderosa armada. En Los Andes bajamos un helicóptero artillado, tuvieron que bombardear Tinajitas en la mañana porque le causamos numerosas bajas', recuerda un tanto melancólica Duarte Cisneros.

Agregó que, ‘el 26 tuve contacto con Asunción en San Francisco, en una de nuestras casas de seguridad, el general había dejado un mensaje ahí minutos antes y se había retirado'.

Siete días después MAN, entró en la Nunciatura, camuflado con vestimenta religiosa y acogido por el nuncio Laboa. Un batallón de soldados estadounidenses y tanques la rodearon y colocaron escandalosos aparatos de música estridente y, más allá de los soldados una multitud de adversarios a su régimen se agrupó en la avenida Balboa.

Despedida

Según la entrevista de Gaitán al diario europeo, él mantuvo un coloquio último con su líder minutos antes de decidir entregarse a las tropas del ejército más poderoso del mundo.

Minutos antes de entregarse, el capitán Gaitán y MAN se despidieron: ‘me gustaría volver a verlo frío y seguro', dijo el primero. MAN le respondió: ‘has sido leal más de lo que se podía decir de ti, ¿qué piensas hacer? (...) cuídate, le recomendó el general.

El 3 de enero de 1990, MAN se entregó al ejército y agentes de la DEA de Estados Unidos, Gaitán Ríos, quedó en la Nunciatura.

Asunción sabía que todos los edificios en derredor, en autos privados y en las calles aledañas a la sede del Vaticano abundaban agentes de la CIA de civil y que venían por él.

Con aparatos tecnológicos de última generación, la sede diplomática era vigilada, pero a pesar de ello Gaitán se esfumó sin que nadie lo notara. Luego de hacer una llamada llegó hasta una propiedad de la Embajada de Cuba y, días más tarde, acompañado de diplomáticos, voló a Cuba. Se cree que aún vive en ese país como asilado político.