Personaje | Milton García: curiosidad, biología e ingenio
- sábado 17 de octubre de 2026 - 4:00 AM
Milton García trabajó por 41 años en el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales. Aportar en esta entidad era su sueño desde que se estaba formando profesionalmente como biólogo. De hecho, antes de ocupar una posición dentro de una de las entidades de investigación científica, histórica y cultural más importantes del mundo, había sido rechazado. Pero no se desanimó y siguió intentándolo. Hace poco se jubiló de lo que bien puede describir como su trabajo soñado.
Sin embargo, encasillar a Milton en un solo rol y en un sueño no es posible, porque desde muy niño ha sido un soñador, curioso e inventor. Cualidades que se fueron reflejando a lo largo de su vida profesional. Justo cuando se anunció su formal retiro del STRI, se divulgó una nota entre los compañeros afirmando que Milton es la excepción a la regla que dice que “nadie es indispensable”; gracias a su rara y valiosa mezcla de conocimientos biológicos y dominio de instrumentación compleja, se convirtió en alguien único.
Esta descripción fue reafirmada en un comentario de redes sociales hecho por Adriana Sautu, también bióloga y con quien coincidió en algún momento de su carrera, al recordarlo como alguien que supo salir de la caja.
Nada es casual en la vida de este biólogo. Todo se remonta a su infancia en Chitré, siendo hijo de una docente y de un joyero que creció cerca de una pista de aterrizaje utilizada por los militares estadounidenses. De su madre recibió el empuje por estudiar y ser un profesional, “la educación era lo único que le podían dejar” era el mantra de crianza. Su padre, influenciado por aquella pista que tuvo en el patio trasero durante su niñez y juventud, le heredó su amor por los aviones.
No era de extrañar que Milton deseara ser piloto, pero la economía del hogar era limitada. Como niño de campo amaba la naturaleza, por eso no se le hizo difícil en secundaria elegir la biología como carrera. Y fue desde la biología donde exploró sus primeros contactos con objetos que debía hacer volar.
Si bien el trabajo que hacía Milton tiene mucho que ver con observación, él nunca se quedó solo mirando. Por ejemplo, cuando en un departamento se comenzó a explorar con el uso de drones como herramienta de investigación, a él se le invitó a ser parte de este proyecto, momento que describe como el “despertar de un monstruo”, ya que las naves aéreas son algo que lo apasiona profundamente. En ese momento las tareas no solo eran maniobrar los aparatos, sino que también debían construirlos, hacían bricolaje. Esto lo llevó a viajar a España para especializarse, pues su conocimiento empírico no le era suficiente.
Milton no se ha negado a las primeras veces. También fue parte de la primera generación de una maestría en ecología de la Universidad Santa María La Antigua.
En su proceso no se olvidó de que el sueño por ser piloto de avión lo tenía pendiente y, como lo dijo su madre, cuando pudo (a los 61 años) lo hizo, y hoy también tiene su licencia de piloto privado. Al campo de la aviación se le suma que, además de volar drones y aviones, se certificó como instructor de manejo de drones. Es el único instructor en Panamá certificado para operar y certificar drones pesados, porque sobre todas las cosas es un apasionado por enseñar. De hecho, la docencia ha sido otro de sus campos de acción.
Las habilidades de Milton no solo se quedaron en lo intelectual o manual. Es una persona a la que le gusta estar en constante movimiento físico, y cuando en su trabajo surgió la necesidad de escalar árboles para algunas observaciones, no dudó en desarrollar esta otra destreza, para ascender a árboles tan altos como aquellos donde anidan las águilas harpías.
Es difícil llamarle a algo pasatiempo en su vida, porque todo indica que se toma muy en serio lo que hace, como es el caso del karate, disciplina que practicó durante 20 años, llegando a tener una escuela en Chitré. Pero en esa línea de la movilidad y actividades recreativas hacía ciclismo de montaña y hasta jugaba tenis con sus hijos.
Milton cuenta que cuando era niño desarmaba juguetes y los volvía a armar, y no precisamente como legos. Él deseaba entender cómo funcionaban las cosas. Para esa ocurrencia también tuvo un canal, ya que a su vida llegó el modelismo a escala, algo que va de la mano con su pasión por los aviones, naves que recrea con ciencia y arte.
A sus 66 años y tras su retiro del trabajo formal, la vida de Milton no se acerca para nada al sedentarismo. La biología no era una carrera para determinadas tareas, es un eje transversal que lo llevó a potenciar y descubrir todo lo que se había cultivado en él desde niño.
Luego de todo ese tránsito, con un café en mano y reflejando la tranquilidad del deber cumplido, comparte cómo se preparó para este momento y lo resume de esta forma: buscar siempre entender el porqué, el cómo y el para qué funcionan las cosas; no decir “no” a la primera y buscar siempre una solución alternativa ante los problemas; y empezar siempre por las soluciones más simples y básicas antes de complicarse con opciones complejas o costosas.
Sin duda, todo lo relatado de Milton da fe de que esas consignas fueron la constante en su vida.