Malegne Britton y su legado en el SPI
- lunes 18 de mayo de 2026 - 12:00 AM
Ser madre soltera y la necesidad de salir adelante llevaron a Malegne Britton a tomar una decisión que marcaría su vida: ingresar al Servicio de Protección Institucional (SPI). Lo que comenzó como un sueño se convirtió en una historia de sacrificio, valentía y superación.
Ya jubilada, Malegne recuerda que todo comenzó cuando le comentó a un conocido su deseo de formar parte de la institución. Un mes después recibió la llamada que le cambiaría el destino: buscaban mujeres para integrar el equipo. Sin pensarlo, acudió a la entrevista, consciente de que no podía perder esa oportunidad, ya que estaba en el límite de edad: tenía 25 años.
Con fe y determinación superó todas las pruebas e ingresó al curso el 23 de agosto de 1993 a la formación de seis meses. “El curso fue bien duro”, recuerda la ahora capitán, quien logró graduarse en la séptima promoción de 1994 junto a otras dos mujeres. De los 150 aspirantes que iniciaron el proceso, apenas 35 lograron culminarlo.
Malegne reconoce que ella y sus compañeras fueron vistas como un experimento para demostrar si las mujeres podían desempeñar una labor que, para esa época, estaba dominada por hombres. Antes de ellas, solo una mujer formaba parte de la institución.
“Fuimos puestas a prueba, pero demostramos que sí podíamos”, expresó con orgullo al recordar que fueron de las primeras en jubilarse dentro del SPI.
Durante su carrera se caracterizó por ayudar siempre a los demás y obtuvo varios reconocimientos, entre ellos el primer trofeo de maratón para el SPI en 1993, cuando aún era recluta. Culminó su servicio el 28 de marzo de 2024.
Sin embargo, asegura que su mayor logro ha sido sacar adelante a sus hijos: su primogénita, Malegne, quien siguió sus pasos, además de Sharline y Enoc, a quienes pudo brindarles mejores oportunidades. Gracias a su esfuerzo, también logró alcanzar importantes metas, como adquirir su propia casa, comprarle una vivienda a su madre y obtener un título como asistente prescolar
Hoy, a sus 58 años, disfruta plenamente de su jubilación. Ha viajado a países como España, República Dominicana, Colombia, Costa Rica y Venecia. Además, se mantiene activa en el Centro Cristiano Abrazando a las Naciones, en el Valle de Vacamonte, y participa en un grupo de jubilados.
Desde su experiencia, envía un mensaje a todas las madres, especialmente a las solteras: no rendirse y luchar siempre con fe y determinación. “Esta profesión no es de velocidad, sino de resistencia. Lo importante es hacer todo con amor y entrega”, concluyó.