Especial para El Siglo: Las voces de los poetas panameños en la construcción de la identidad nacional

El 3 de noviembre de 1903 marcó el nacimiento de la República y quedó inmortalizado en versos de poetas panameños
  • miércoles 04 de noviembre de 2026 - 12:00 AM

La poesía panameña desempeñó un papel significativo en la formación de una sensibilidad nacional vinculada con los ideales de libertad, autonomía política y pertenencia territorial. Los poetas románticos, en especial de la tercera generación, contribuyeron a configurar un imaginario colectivo en el que la patria adquirió una dimensión afectiva o nacionalista, histórica y simbólica. En este contexto, el 28 de noviembre de 1821 y el 3 de noviembre de 1903 —fecha de la independencia de España y la separación de Panamá de Colombia y del establecimiento de la República— constituye un punto de referencia indispensable para examinar la estrecha relación entre literatura, historia y la construcción de la identidad nacional.

El Romanticismo en el Istmo estuvo estrechamente relacionado con las corrientes liberales y nacionalistas que recorrieron Hispanoamérica durante el siglo XIX. Si bien los románticos no cantaron al 3 de noviembre, si contribuyeron al desarrollo de una tradición poética en la que la libertad o el nacionalismo, la sensibilidad individual y las preocupaciones colectivas cobraron especial relevancia. Entre las figuras cimeras destaca Amelia Denis de Icaza (1836-1911), cuya obra representa una de las expresiones más significativas del sentimiento patriótico panameño. En su poema Patria manifiesta: Oh Patria idolatrada!, mi pueblo generoso,/ al fin ¡ay! te obligaron a levantar la frente/ y en un supremo grito te alzaste valerosa,/ llevando entre tus manos la enseña independiente.” (Revista Lotería, 1962, p.10)

También se destaca Nicole Garay (1873-1928) quien, en su poema 3 de noviembre, captura el júbilo puro del nacimiento de la República. Describe al 3 de noviembre como la “fecha querida” que vio nacer a un pueblo altivo, aunque pequeño, de todo istmeño gloria y amor”. (Revista Lotería, 1962, p.13) Con ello transforma el hecho político en un himno de redención y libertad que resuena en los hogares y las escuelas.

Por su parte, Jerónimo Ossa (1847-1907) —destacado poeta y autor de la letra del Himno Nacional— abordó de manera directa el acontecimiento fundacional de la República en su composición 3 de Noviembre, publicada en la revista El Heraldo del Istmo en 1905. En sus versos, la separación se presenta como el cierre de una etapa histórica y el nacimiento de una nueva entidad política. Mediante el uso de imágenes asociadas a la libertad, los laureles y la naturaleza, Ossa construye una representación idealizada de la nación emergente, dotando a la poesía de una función simbólica: transformar un hecho político en una experiencia colectiva transmisible mediante la memoria y la celebración cívica.

Por su parte, el poema “Supremo Anhelo” de Guillermo McKay (1900-1984) sintetiza con profunda crudeza la dolorosa disonancia entre la historia oficial y el sacrificio humano que hizo posible la separación de Panamá de Colombia en 1903, contraponiendo el bullicioso y festivo fervor de las calles con la agonía silenciosa de un veterano olvidado cuya única y última voluntad es ser abrigado por la bandera tricolor.

A partir de reflexiones como las de la crítica literaria Elsie Alvarado de Ricord —quien examina obras emblemáticas como Al Cerro Ancón de Amelia Denis de Icaza, Patria de Ricardo Miró y El canto a la bandera de Gaspar Octavio Hernández—, se comprende que el vínculo nacional articula múltiples dimensiones: la añoranza del territorio, la intimidad emocional y la exaltación de los símbolos patrios. Como manifiesta Ricardo Miró en el poema Patria: ¡Patria que me estremeces dulcemente, /Patria de mis amores, Patria mía:/ yo quiero saludarte en este día / en que la Libertad besó tu frente.

La construcción poética de la identidad nacional no debe reducirse exclusivamente a una exaltación triunfalista de la independencia, ya que la separación de Colombia estuvo ineludiblemente ligada a intereses económicos y geopolíticos vinculados con la construcción del canal interoceánico y con la intervención directa de Estados Unidos.

La proclamación de la República no significó el ejercicio pleno e inmediato de la soberanía sobre la totalidad del territorio nacional. Esta contradicción histórica propicia una lectura crítica de la poesía patriótica: mientras algunas composiciones celebran eufóricamente el nacimiento de la nación, otras dejan entrever profundos matices de nostalgia, inconformidad y preocupación ante las condiciones políticas que limitaron la autonomía del Istmo. Esa contradicción histórica y el tono crítico, nostálgico de la poesía patriótica panameña encuentra su máxima y más conmovedora representación en la poetisa Amelia Denis de Icaza, especialmente a través de su célebre poema Al Cerro Ancón (escrito en 1906). Tras la separación de Panamá de Colombia en 1903 y la posterior concesión de la Zona del Canal a los Estados Unidos, se hizo evidente que la proclamación de la República no significaba el control absoluto de todo el territorio nacional.

En fin, la literatura panameña de la época demuestra que la identidad colectiva no se edifica únicamente sobre estructuras jurídicas o políticas, sino a través de imágenes, emociones y representaciones literarias compartidas. Así, la poesía patriótica ofrece un espacio privilegiado para entender cómo la sociedad panameña interpreta su pasado, proyecta sus aspiraciones y reelabora los significados de su historia republicana.