Gaspar Octavio Hernández: I Parte del Patriota

Un 4 de julio de 1893, nace en un ambiente de pobreza extrema, en el arrabal de Santa Ana, en calle 14 (Panamá), el poeta, escritor y periodista G...
  • sábado 22 de febrero de 2020 - 12:00 AM

Un 4 de julio de 1893, nace en un ambiente de pobreza extrema, en el arrabal de Santa Ana, en calle 14 (Panamá), el poeta, escritor y periodista Gaspar Octavio Hernández, hijo de Federico Hernández y Manuela Marcelina Solanilla.

Su infancia discurrió en un barrio marginado y estigmatizado por su piel y en pleno trance del Panamá en proceso traumático de la guerra civil de los Mil Días a la independencia.

Sin recursos económicos, le fue imposible terminar los estudios primarios (solo cursó hasta el tercer grado), solo le quedaba el camino de la indigencia o el trabajo forzado de un jornalero.

Sin embargo, a los 10 años participó en la manifestación liderada por el general Domingo Díaz, quien se dirigía hacia el Cuartel de Chiriquí a fin de darle legitimidad a la independencia de 1903.

El padre los abandonó y su madre, tiempo después, falleció.

Otro golpe recibió al cumplir 11 años, en 1904, cuando sus dos hermanos se suicidaron el mismo mes.

Marcado con la tragedia, fue tal su dolor que lo expresó en su poema Melodías del Pasado (1915).

Unos versos llenos de melancolía y soledad.

Ese tono melancólico de sus versos que recuerda su infancia: ‘De mi niñez amarga recuerdo, apenas, que fui meditabundo como un anciano; que sentí emponzoñarse todas mis venas, precozmente, del virus del tedio humano'.

Pero ¿por qué a tan corta edad, sin educación, viviendo en la extrema pobreza y, aparte de padecer desgarradores episodios trágicos que afectarían a cualquier adolescente, Hernández se sobrepuso y logró figurar en el firmamento literario y periodístico nacional? Ese propio esfuerzo, sobre todo el intelectual, no parece congruente con un adolescente, cuya vida trágica haría desviar a cualquiera al mundo de los vicios.

A nuestra consideración, es la resiliencia que tenía Hernández para afrontar las situaciones difíciles.

Esa resiliencia, que es la capacidad que tiene una persona para superar el vacío que lo entierra en la profundidad y oscuridad de la soledad, circunstancia cruel y lamento desgarrador de pobreza, insomnio y marginalidad.

No hay duda de que poseía una fortaleza mental que lo impulsó a superar la depresión existencial.

Es probable que el antídoto para tantos males fuese el sumergirse en las lecturas de las obras clásicas de su época, tanto europea como latinoamericana y, además, se rodeaba de personajes determinantes como el poeta Ricardo Miró y Geenzier, con quienes colaboró en las revistas 'Nuevos ritos' y 'Esto y aquello'.

Ese rasgo de su genialidad lo llevó a participar en la dirección y redacción de casi todas las revistas literarias de su tiempo. Y en 1913 con apenas 20 años ya había fundado el periódico Prensa Libre. En 1915, con 22 años publica su libro 'Iconografías', obra de cuentos y notas críticas. También en ese año sale a la luz pública su libro 'Melodías del pasado'. Y, faltando dos años para su muerte, escribe 'La copa de amatista' que sería su libro póstumo.

Autodidacta ante todo, rebelde y consagrado literato, forjado al calor del duro bregar de la soledad de su existencia, un marginado social y potencial nacionalista, no fue amante de la práctica fascista y de la xenofobia imprudente. Sin embargo, clavó sus dedos en la máquina de escribir en potencial respuesta a la presencia de los Estados Unidos.

Pobre, pero culto, sensato, poeta y periodista, a pesar de su corta existencia, y así lo apreciamos en sus poemas 'Canto a la Bandera', 'Alma Patria', publicado el 3 de noviembre de 1917, en el periódico La Estrella de Panamá, un año antes de su muerte.

‘¡Istmo de Panamá! Tierra de amores que del fondo del mar surgiste un día, para enlazar el Norte al mediodía con guirnaldas de perlas y de flores'. ‘¡Patria del corazón! Tierra que a solas cantas las glorias de tus dioses lares, mezclando la canción de tus palmares con la canción eterna de las olas'.

Al surgir la República, los dos partidos juraron la paz perpetua la cual fue un pobre ensayo para la práctica del poder de los gobiernos de familia.

Hernández fue el testigo presencial del desarme de la policía y de la llegada de la marina a los prostíbulos y cantinas y de la escandalosa presencia de los Estados Unidos en los sufragios electorales.

Se entregó de lleno en preferente atención a la redacción de La Estrella de Panamá, en una feroz lucha contra la enfermedad que minaba su resistencia.

Su fuerza se debilitaba y cada vez era más continua la fiebre, que lo reducía a un ciclo de pesadilla y agria dolencia, que culminó el 13 de noviembre de 1918, con 25 de años de edad, Gaspar Octavio Hernández fallece, como consecuencia de un fulminante ataque de tisis (tuberculosis), cuando se encontraba realizando su labor periodística en el diario La Estrella de Panamá, cuando redactaba un artículo crítico contra los que niegan el principio de nacionalidad.