‘La extinción de dominio complementa las debilidades del sistema penal' Andrés Ormanza
- lunes 10 de octubre de 2022 - 12:00 AM
Ha pasado más de un año desde que el ministro de Seguridad, Juan Pino acudió a la Asamblea Nacional para presentar el proyecto de ley de extinción de dominio. Se trata de un instrumento, que a juicio del proponente, ayudaría en gran medida a debilitar al crimen organizado porque le da en donde más les duele: sus finanzas. No obstante, aún hay algunos ajustes que proponen los diputados para poder pasar la redacción. Nuestro invitado, Andrés Ormanza, un criminólogo especializado en el tema de origen colombiano, nos explica por qué sería útil esta herramienta y qué delitos deberían de permanecer como parte del menú que permitiría a las autoridades a tomar acción cuando detectan un bien que ha sido adquirido de forma ilícita, sin importar de quién sea.
En resumen, ¿a qué se refiere la extinción de dominio y a quién se le aplicaría?
La extinción de dominio es un mecanismo de política criminal que está enfocado, no en a quién, sino a qué en patrimonios ilícitos. Para concentrarse en a quién, ya está el proceso penal que ha demostrado ser insuficiente en muchos aspectos. La extinción de dominio viene a complementar las debilidades de ese sistema.
¿Recomendaría, por ejemplo, sacrificar el delito de corrupción para poder aprobar la ley?
No es un buen mensaje. De hecho, la extinción de dominio en algunos foros especializados constituye una derivación de la recuperación de lo robado. Hay una iniciativa muy conocida en el ámbito técnico de esta materia, la iniciativa Star del Banco Mundial, que es la recuperación de activos robados y el decomiso sin condena de extinción de dominio como un mecanismo empleado.
Hay países que instalaron este sistema hace muchos años, ¿qué ha pasado en esos países desde que se ha implementado esta ley, por ejemplo, en Colombia?
Hay varias situaciones que impiden que uno analice de manera aislada lo que pasa en un país. Muchas veces hablamos de una economía globalizada en la que con un teléfono móvil se puede hacer una transferencia al exterior. En Colombia, por ejemplo, es un país altamente generador de ganancias ilícitas, pero eso no quiere decir que todo el capital ilícito se quede en Colombia. Hay una migración a otras jurisdicciones más laxas, más permisivas. Si uno quisiera hacer un ejercicio de geopolítica y geoeconomía, Colombia está entre dos economías dolarizadas lo cual resulta bastante atractivo. Ecuador aprobó el año pasado la ley de extinción de dominio, pero aún no la pone en práctica. Panamá hasta ahora se encuentra en ese debate legislativo. Eso posibilita que los capitales financieros ilícitos salgan de Colombia. Pero, adicionalmente tenemos en la región el triángulo norte donde también se generan grandes cantidades de dinero ilícito, pero en esos países existe la ley de extinción de dominio. Panamá está en una situación bastante vulnerable, donde capitales ilícitos del norte o de Suramérica terminan moviéndose.
En una sociedad cleptocrática, ¿cómo se aplicaría una ley de extinción de dominio con tanta historia de corrupción?
Adicional al concepto de cleptocracia hoy también se habla de cooptación del estado. Y esa terminología tiene que ver con la infiltración del crimen organizado en todas las esferas de la sociedad. Ejemplos en la región ha habido algunos espejos en los que mirarse. En el momento en que inicia el debate de la ley de extinción de dominio, en Colombia era como declararlo un estado fallido. Se recordará que Pablo Escobar ostentó la posición de diputado. Luego ingresa de lleno en su carrera de narcotráfico. En ese momento limite aparece esta clase de mecanismo en el que había que acudir al ingenio jurídico y entender que lo que se estaba haciendo era insuficiente. Esos niveles, a veces un poco desesperanzadores que viven nuestras sociedades, a veces abren el espacio justamente para estos nuevos mecanismos. Llega un punto de shock o de inflexión en el que la sociedad reacciona.
Hay quienes alegan que la ley puede emplearse como un instrumento de persecución política, ¿qué tiene que decir ante esto y cómo se evita que esto sea así?
En realidad, el concepto de persecución política que utilizan los detractores de este proyecto no es nada más que una cortina de humo. Es un sofisma de distracción. Entre otras, porque se observa mucha persecución política en países que no tienen extinción de dominio por un mal uso de la constitución y un uso perverso de los códigos penales, incluso de las legislaciones electorales. No es la extinción de dominio un instrumento de persecución política.
En varias jurisdicciones se demuestra que no es un instrumento de persecución política. En este último tema se habla de antagonismos políticos e ideológicos, oficialismo versus oposición. Vea cómo en países con orillas ideológicas y políticas totalmente distintas, México, por ejemplo, donde la recuperación de lo robado fue una de las banderas que usó Andrés Manuel López Obrador y en Argentina, el presidente Mauricio Macri, quien promulgó una norma de extinción de dominio por vía decreto. En Colombia, un país polarizado desde el punto de vista político logra apoyos de todas las banderas al momento de aprobar una reforma a la ley. Esto demuestra que no hay que analizarlo dese una perspectiva de persecución que no es más que una cortina de humo para distraer el verdadero objetivo de la ley.
El crimen organizado deja miles de millones de dólares al año, es muy lucrativo, por tanto, es difícil desalentar al criminal. ¿La forma en que estamos luchando contra el crimen organizado a nivel regional es la indicada? ¿Nos va a dar los resultados a futuro tomando en cuenta los resultados que hemos tenido en el pasado?
Yo creo que hay una obligación desde la política criminal, e incluso desde el derecho, no quedarse con figuras anacrónicas. A veces hablamos de crimen organizado en abstracto, cuando en realidad hay un crecimiento en el cibercrimen y uno observa que muchos de los órganos como policías y fiscalías en los países no están preparados para esa nueva dimensión de la criminalidad. Hoy hablamos de una criminalidad digital, incluso.
Entonces creo que nos hemos quedado con unos conceptos un poco ochenteros de la visión de las estructuras criminales. Hoy hay una dinámica totalmente distinta con un cambio de velocidad.