- sábado 10 de octubre de 2026 - 12:00 AM
Arnulfo Arias fue depuesto diez días después de asumir su tercer mandato; el régimen militar se extendió hasta 1989. Un golpe de Estado liderado por mandos medios de la Guardia Nacional derrocó la noche del 11 de octubre de 1968 al presidente constitucional Arnulfo Arias Madrid. El mandatario tenía solo diez días de haber sido juramentado luego de su triunfo en las elecciones de ese año. Era la tercera vez que le impedían cumplir con el periodo presidencial. El primer golpe fue en 1941, el segundo en 1951 y el tercero el 11 de octubre de 1968. En 1984 fue víctima de un fraude electoral y algunos historiadores afirman que también sufrió lo mismo en las elecciones de 1964.
El día anterior al golpe, Arias había anunciado una reestructuración en la Guardia que enviaba al exterior, como agregados militares, a Omar Torrijos y a los mayores Boris Martínez y Federico Boyd. Martínez, desde Chiriquí, declaró derrocado al mandatario, y esa noche Torrijos tomó el control de los cuarteles en la capital. Los militares ocuparon radios, televisoras y periódicos y arrestaron a cientos de seguidores de Arias. El presidente se refugió en la Zona del Canal, desde donde intentó sin éxito recuperar el poder. Varios analistas describen el momento como una reacción de los militares debido al incumplimiento de lo pactado entre el presidente electo y el jefe saliente de la Guardia Nacional.
Al día siguiente, El Mundo, único diario en circular, informó que una junta militar había tomado el poder y que los derechos civiles estaban suspendidos. El 13 de octubre juró la Junta Provisional de Gobierno, presidida por los coroneles José María Pinilla y Bolívar Urrutia, que prometió elecciones en pocos meses. Lo anunciado como transitorio se convirtió en una dictadura de 21 años, que terminó el 20 de diciembre de 1989 con la invasión estadounidense. Es importante destacar que antes hubo otro golpe de Estado. Una figura sobresaliente de ese movimiento conocido como Acción Comunal fue Arnulfo Arias Madrid. En enero de 1931 derrocaron al presidente constitucional Florencio Arosemena.
El 11 de octubre de 1968 marcó un antes y un después en la historia política de Panamá. Ese día, un grupo de oficiales de la Guardia Nacional llevó a cabo un golpe de Estado que derrocó al presidente constitucional Arnulfo Arias Madrid, quien había asumido el cargo apenas diez días antes, el 1 de octubre.
El movimiento militar estuvo encabezado por el mayor Boris Martínez y el teniente coronel Omar Torrijos Herrera, junto con otros oficiales de la Guardia Nacional. La acción respondió a un escenario de creciente tensión política y terminó con la interrupción del orden constitucional, dando paso a una nueva etapa en la historia del país.
Tras el derrocamiento de Arias, la Guardia Nacional asumió el control del Estado y comenzó un periodo de gobierno militar que se prolongaría durante más de dos décadas. Durante estos años, Panamá experimentó profundas transformaciones políticas y sociales, mientras el poder se concentraba progresivamente en la estructura militar.
El golpe de Estado no solo significó la salida de un presidente elegido constitucionalmente, sino también el inicio de una etapa que cambiaría el rumbo de Panamá. Sus consecuencias marcaron buena parte de la historia nacional hasta el restablecimiento del orden democrático a finales de 1989.
Marcel Aizpurúa
Estudiante de Periodismo
El 11 de octubre de 1968, la historia de Panamá reescribió su rumbo de forma drástica. En horas de la noche, la Guardia Nacional interrumpió el orden constitucional y derrocó al presidente Dr. Arnulfo Arias Madrid, quien apenas cumplía once días en su tercer mandato. Más allá de ser un simple arrebato de poder, el golpe tuvo un detonante claro: el enfrentamiento directo entre el poder civil y la institución militar.
Convencido de que podía doblegar a la institución armada a su antojo, Arias cometió el grave error de subestimar el poder de los cuarteles. Semanas antes y tras asumir el cargo, intentó reestructurar de manera radical los mandos militares mediante pases a retiro y traslados sorpresivos de oficiales clave. Quería asegurar un control político absoluto, pero los uniformados no estaban dispuestos a tolerarlo.
Ante la amenaza a su jerarquía, la respuesta castrense no se hizo esperar y se gestó desde los mandos medios. Los mayores Boris Martínez (desde Chiriquí) y Federico Boyd (desde el cuartel de Tocumen) articularon la movilización táctica de las tropas. Esta rebelión contó con el respaldo firme y operativo de oficiales de peso dentro de la estructura, como el teniente coronel José Humberto Ramos y el mayor Humberto Jiménez, quienes neutralizaron los puntos vitales de la capital.
Aquel derrocamiento permitió que el régimen militar estuviera en el poder durante más de dos décadas. La firme postura de Arias Madrid contra los nefastos Tratados Robles-Johnson —el famoso acuerdo «3 en 1» sobre el Canal— y su nacionalismo encendido chocaban de frente con los intereses del norte. En el tablero colonial de entonces, ningún presidente sobrevivía desafiando al imperio. El teniente coronel Omar Torrijos se unió después al golpe y, con el tiempo, quedó al frente del proceso revolucionario. ¿Fue una simple coincidencia interna o el destino del líder nacionalista ya estaba decidido en despachos ajenos? Hay que recordar que un hecho similar lo vivió en 1941, cuando el presidente Arias Madrid se opuso a la instalación de más bases militares con motivo de la Segunda Guerra Mundial.
Arnulfo Arias fue depuesto diez días después de asumir su tercer mandato; el régimen militar se extendió hasta 1989. Un golpe de Estado liderado por mandos medios de la Guardia Nacional derrocó la noche del 11 de octubre de 1968 al presidente constitucional Arnulfo Arias Madrid. El mandatario tenía solo diez días de haber sido juramentado luego de su triunfo en las elecciones de ese año. Era la tercera vez que le impedían cumplir con el periodo presidencial. El primer golpe fue en 1941, el segundo en 1951 y el tercero el 11 de octubre de 1968. En 1984 fue víctima de un fraude electoral y algunos historiadores afirman que también sufrió lo mismo en las elecciones de 1964.
El día anterior al golpe, Arias había anunciado una reestructuración en la Guardia que enviaba al exterior, como agregados militares, a Omar Torrijos y a los mayores Boris Martínez y Federico Boyd. Martínez, desde Chiriquí, declaró derrocado al mandatario, y esa noche Torrijos tomó el control de los cuarteles en la capital. Los militares ocuparon radios, televisoras y periódicos y arrestaron a cientos de seguidores de Arias. El presidente se refugió en la Zona del Canal, desde donde intentó sin éxito recuperar el poder. Varios analistas describen el momento como una reacción de los militares debido al incumplimiento de lo pactado entre el presidente electo y el jefe saliente de la Guardia Nacional.
Al día siguiente, El Mundo, único diario en circular, informó que una junta militar había tomado el poder y que los derechos civiles estaban suspendidos. El 13 de octubre juró la Junta Provisional de Gobierno, presidida por los coroneles José María Pinilla y Bolívar Urrutia, que prometió elecciones en pocos meses. Lo anunciado como transitorio se convirtió en una dictadura de 21 años, que terminó el 20 de diciembre de 1989 con la invasión estadounidense. Es importante destacar que antes hubo otro golpe de Estado. Una figura sobresaliente de ese movimiento conocido como Acción Comunal fue Arnulfo Arias Madrid. En enero de 1931 derrocaron al presidente constitucional Florencio Arosemena.
El 11 de octubre de 1968 marcó un antes y un después en la historia política de Panamá. Ese día, un grupo de oficiales de la Guardia Nacional llevó a cabo un golpe de Estado que derrocó al presidente constitucional Arnulfo Arias Madrid, quien había asumido el cargo apenas diez días antes, el 1 de octubre.
El movimiento militar estuvo encabezado por el mayor Boris Martínez y el teniente coronel Omar Torrijos Herrera, junto con otros oficiales de la Guardia Nacional. La acción respondió a un escenario de creciente tensión política y terminó con la interrupción del orden constitucional, dando paso a una nueva etapa en la historia del país.
Tras el derrocamiento de Arias, la Guardia Nacional asumió el control del Estado y comenzó un periodo de gobierno militar que se prolongaría durante más de dos décadas. Durante estos años, Panamá experimentó profundas transformaciones políticas y sociales, mientras el poder se concentraba progresivamente en la estructura militar.
El golpe de Estado no solo significó la salida de un presidente elegido constitucionalmente, sino también el inicio de una etapa que cambiaría el rumbo de Panamá. Sus consecuencias marcaron buena parte de la historia nacional hasta el restablecimiento del orden democrático a finales de 1989.
El 11 de octubre de 1968, la historia de Panamá reescribió su rumbo de forma drástica. En horas de la noche, la Guardia Nacional interrumpió el orden constitucional y derrocó al presidente Dr. Arnulfo Arias Madrid, quien apenas cumplía once días en su tercer mandato. Más allá de ser un simple arrebato de poder, el golpe tuvo un detonante claro: el enfrentamiento directo entre el poder civil y la institución militar.
Convencido de que podía doblegar a la institución armada a su antojo, Arias cometió el grave error de subestimar el poder de los cuarteles. Semanas antes y tras asumir el cargo, intentó reestructurar de manera radical los mandos militares mediante pases a retiro y traslados sorpresivos de oficiales clave. Quería asegurar un control político absoluto, pero los uniformados no estaban dispuestos a tolerarlo.
Ante la amenaza a su jerarquía, la respuesta castrense no se hizo esperar y se gestó desde los mandos medios. Los mayores Boris Martínez (desde Chiriquí) y Federico Boyd (desde el cuartel de Tocumen) articularon la movilización táctica de las tropas. Esta rebelión contó con el respaldo firme y operativo de oficiales de peso dentro de la estructura, como el teniente coronel José Humberto Ramos y el mayor Humberto Jiménez, quienes neutralizaron los puntos vitales de la capital.
Aquel derrocamiento permitió que el régimen militar estuviera en el poder durante más de dos décadas. La firme postura de Arias Madrid contra los nefastos Tratados Robles-Johnson —el famoso acuerdo «3 en 1» sobre el Canal— y su nacionalismo encendido chocaban de frente con los intereses del norte. En el tablero colonial de entonces, ningún presidente sobrevivía desafiando al imperio. El teniente coronel Omar Torrijos se unió después al golpe y, con el tiempo, quedó al frente del proceso revolucionario. ¿Fue una simple coincidencia interna o el destino del líder nacionalista ya estaba decidido en despachos ajenos? Hay que recordar que un hecho similar lo vivió en 1941, cuando el presidente Arias Madrid se opuso a la instalación de más bases militares con motivo de la Segunda Guerra Mundial.