De la oscuridad a nuevas oportunidades
- jueves 10 de septiembre de 2026 - 12:00 AM
Cuando cae la noche, la rutina en Los Pozos ya no termina con la última claridad del día. La comunidad, ubicada en el corregimiento de Caballero, distrito de Antón (Coclé), comenzó a dejar atrás una realidad marcada durante años por la falta de electricidad.
El cambio llegó el pasado 27 de agosto, con la interconexión de la comunidad a la red eléctrica nacional. Para sus habitantes, la llegada de la energía representa mucho más que tener iluminación en sus viviendas: significa poder estudiar después del anochecer, conservar alimentos y medicamentos, utilizar electrodomésticos y contar con mejores condiciones para la vida cotidiana.
La obra fue desarrollada por la Oficina de Electrificación Rural (OER) en el marco del Programa de Acceso Universal a la Energía, y contó con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo.
El proyecto contempla la instalación de 58 conexiones residenciales, que benefician a una población estimada de unas 290 personas. Para llevar la electricidad hasta la comunidad fue necesario extender aproximadamente 2.5 kilómetros de red, además de instalar postes, alumbrado público, transformadores, redes de media y baja tensión y sistemas de protección.
Dentro de las viviendas también se realizaron las instalaciones básicas necesarias para recibir el servicio: cuatro luminarias, dos tomacorrientes, interruptores y el espacio destinado al medidor.
Aunque la infraestructura ya está instalada y la línea principal se encuentra energizada, todavía queda por completar el proceso comercial con la distribuidora Naturgy, empresa concesionaria encargada de formalizar los contratos e instalar los medidores.
La conexión eléctrica es el resultado de una gestión comunitaria que se extendió durante aproximadamente tres años.
Los residentes recopilaron firmas, actualizaron documentos, realizaron encuestas y acudieron a distintas instituciones para demostrar que la necesidad de contar con electricidad era real. En el camino, encontraron obstáculos relacionados con la distancia de la comunidad y el reducido número de habitantes. Pero la respuesta de los vecinos fue continuar insistiendo.
Migdalia Rodríguez, una de las dirigentes que encabezó las gestiones, recuerda que tuvo que organizar incluso sus jornadas laborales para poder dedicar tiempo a reunir la información requerida y mantener el contacto con las instituciones.
Junto a ella participaron otros residentes, entre ellos Griselda, Magali y José. El esfuerzo comenzó a tomar forma en febrero de 2024, cuando recibieron la noticia de que el proyecto había sido adjudicado y contaba con una orden de proceder.
Desde entonces, lo que durante años había sido una solicitud comenzó a convertirse en una obra visible. “Ahora podemos hacer muchas cosas”, expresó Rodríguez al describir lo que significa para la comunidad contar con electricidad.
Una nueva rutina después del atardecer
Antes de la llegada de la red eléctrica, la vida en Los Pozos estaba condicionada por la luz natural.
A partir de las 6:30 o 7:00 p. m., las calles y viviendas quedaban prácticamente a oscuras. Algunas familias utilizaban pequeños sistemas de energía solar, pero su capacidad dependía de las características de cada panel.
Cuando esa energía no era suficiente, los vecinos permanecían en los portales de sus casas mientras quedaba algo de luz. Después, llegaba el momento de irse a dormir.
Para Félix Castillo, coordinador provincial de la OER en Coclé, esta realidad evidencia por qué la electricidad debe entenderse como una necesidad básica y no como un lujo.
En el caso de Los Pozos, uno de los principales cambios estará relacionado con la educación. Los niños y jóvenes tendrán mejores condiciones para estudiar durante la noche y podrán utilizar herramientas tecnológicas que antes estaban limitadas por la falta de energía.
Pero las transformaciones también estarán presentes en actividades mucho más cotidianas.
Una refrigeradora permitirá almacenar alimentos y medicamentos. Para las personas que dependen de medicamentos que requieren refrigeración, como la insulina, esta posibilidad puede resultar especialmente importante.
Una lavadora facilitará las labores domésticas y un ventilador podrá mejorar las condiciones de las personas mayores o encamadas durante los días de mayor calor.
Son elementos habituales en muchos hogares, pero para los habitantes de Los Pozos representan nuevas posibilidades.
Javier Castro, residente de la comunidad, considera que la llegada de la electricidad representa un cambio radical en la vida de las familias.
Durante años, explica, los habitantes tuvieron que adaptar sus actividades a las horas de luz. Con la oscuridad se reducía considerablemente la posibilidad de continuar con tareas domésticas, laborales o educativas.
La situación afectaba especialmente a quienes necesitaban estudiar después de la jornada escolar o laboral.
Por eso, Castro describe la llegada de la electricidad como una satisfacción enorme para una comunidad que, según señala, durante mucho tiempo se sintió olvidada.
“Es una satisfacción muy grande porque vamos a tener luz en una comunidad que había sido olvidada por muchos gobiernos”, manifestó.
Para el residente, la obra también representa una oportunidad para que otros proyectos que beneficien a la comunidad puedan mantenerse y llegar a concretarse, independientemente de los cambios de gobierno.
“Ojalá que sirva de ejemplo para que los futuros proyectos no se engaveten, sino que se continúen en el tiempo”, afirmó.
Desde la perspectiva de la OER, el proyecto de Los Pozos forma parte de un esfuerzo mayor para ampliar el acceso a la energía en comunidades que permanecen fuera de las redes convencionales de distribución.
La institución también trabaja en proyectos de generación fotovoltaica destinados a escuelas y acueductos rurales. Sin embargo, Castillo señala que uno de los principales desafíos es garantizar que estas soluciones puedan mantenerse funcionando a largo plazo.
Los sistemas fotovoltaicos pueden tener una vida útil estimada de unos 25 años, pero la falta de mantenimiento puede disminuir significativamente su funcionamiento. Por ello, la OER busca desarrollar mecanismos que permitan asegurar no solo la instalación de los equipos, sino también su mantenimiento y continuidad.
En Los Pozos, mientras tanto, el paso pendiente es completar la formalización del servicio eléctrico para que los beneficiarios puedan convertirse oficialmente en clientes.
Cuando finalmente se encendieron las luces
Para los habitantes de Los Pozos, el momento en que los postes comenzaron a encenderse tuvo un significado difícil de medir únicamente en kilómetros de red, cantidad de postes o número de conexiones.
Rodríguez recuerda que algunos adultos mayores de la comunidad fallecieron sin llegar a ver cumplido el deseo de contar con electricidad. Por eso, cuando finalmente las luces se encendieron, la celebración tuvo un carácter especial.
La dirigente comunitaria describe la emoción de los vecinos como la de “niños con juguete nuevo en diciembre”.
Ello refleja la dimensión humana de una obra que, técnicamente, puede resumirse en 2,5 kilómetros de red, transformadores, postes y conexiones. Para quienes viven en Los Pozos, sin embargo, significa algo mucho más amplio.
Significa que un estudiante puede sentarse a estudiar, que una familia puede conservar sus alimentos, que un medicamento puede mantenerse refrigerado y que un hogar puede incorporar electrodomésticos que antes parecían fuera de alcance.
Después de años de solicitudes y espera, Los Pozos comienza así una nueva etapa: una en la que la comunidad no solo tiene electricidad, sino también nuevas posibilidades para pensar en su futuro.