- martes 12 de mayo de 2026 - 12:00 AM
Nos oponemos con argumentos, a la convicción del hemiciclo legislativo, de que con el aumento de las penas a los menores infractores, se minimizaría la delincuencia juvenil y se devolvería la tranquilidad ciudadana.
Esta posición no oculta el talante politiquero de su motivación, y evidencia el absoluto desconocimiento del tema. Pero, sólo por un instante, validemos ese criterio, y busquémosle su aplicación a los delitos cometidos por funcionarios corruptos.
Me aterra pensar que al caminar por las calles, me aparezca un niño y me encañone con una pistola. Del susto, pediría que se pudriera en la cárcel, y tal vez con esto desaparecería mi miedo. Pero, apenas he recuperado la calma, y más adelante aparece un carrazo del año surcando la avenida, mientras que su conductos reclama paso expedito. ¿No saben quién iba tras el volante? Nada más y nada menos, un ex ministro de “no sé que gobierno” pasado, liberado reciente después de haber cumplido su encierro domiciliario.
A esa comparación nos lleva la lógica legislativa. Se entiende justa y eficaz aplicar la “mano dura” contra un pobre niño, hijo de una familia olvidada por todos los gobiernos y los políticos, por mantener en zozobra al país. Sin embargo, no hay razón para preocuparnos por el distinguido “ex prisionero”, pues lo único que hizo fue ceder a la tentación de meterse recursos estatales en el bolsillo, dejando a comunidades enteras sin escuelas, hospitales y carreteras.
¿Por qué se proponen toda clase de reformas penales, y son tan blandas las penas en los delitos contra la Administración Pública? A los funcionarios no les provoca ni un bostezo, que la gente vea que la justicia es selectiva.
No he hecho una encuesta, pero con todo y eso afirmo, que le gente de a pie le teme más al “funcionario corrupto” por sus fuertes conexiones con los círculo del poder, que de ese “pelaíto” que tiene en la violencia, la única salida que tiene para sobrevivir.
No es cierto que aboguemos por la impunidad de los menores infractores. Simplemente, nada justifica que se les intente fundir en las mazmorras estatales, mientras que los corruptos, gocen de privilegios para evadir la cárcel.