Corpus Christi y la fuga en La Joyita
- miércoles 10 de junio de 2026 - 2:40 PM
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Agrega El Siglo en Google ↗️Recientemente, celebramos la solemnidad del Corpus Christi. Jesús no quiso quedarse únicamente en el recuerdo de la historia; quiso permanecer entre nosotros como alimento para el camino. Su presencia nos recuerda que quien adora a Jesús Sacramentado está llamado a convertirse también en pan partido para los demás, llevando consuelo, justicia y misericordia a quienes más lo necesitan.
Desde esa reflexión surge una pregunta inevitable: ¿qué llevó a 195 privados de libertad a evadirse del Centro Penitenciario La Joyita? ¿Se trató únicamente de una fuga o de una manifestación más de las profundas deficiencias que arrastra nuestro sistema penitenciario? Las autoridades panameñas han desplegado operativos de búsqueda y recaptura y han logrado ubicar a gran parte de los evadidos; sin embargo, la verdadera respuesta no termina allí.
La realidad demuestra que el problema es mucho más complejo. A lo largo de los años, custodios, directores y funcionarios han pasado por distintos centros penitenciarios, pero muchos terminan enfrentándose a un sistema deteriorado, permeado por la descomposición y prácticas que parecen reproducirse una y otra vez. No se trata únicamente de las personas que ocupan los cargos, sino de una estructura que, con el tiempo, absorbe y desgasta a quienes intentan transformarla.
Los hechos hablan por sí solos. No es la primera vez que ocurre una evasión de gran magnitud ni la primera ocasión en que se descubren armas, sustancias ilícitas, equipos de comunicación, 451 teléfonos celulares con 61 routers, una antena de conexión wifi, tres paneles solares y 10 armas de fuego con 82 municiones y otros objetos prohibidos dentro de las cárceles. Parte de lo incautado en poder de los reclusos tras tres días requisas dentro del Centro penitenciario La Joyita , informó el martes la Policía Nacional es una nueva señal de alerta sobre la necesidad urgente de revisar y modernizar el sistema penitenciario panameño.
La evasión masiva ha generado una intensa movilización de los organismos de seguridad del Estado, mientras continúan las investigaciones para determinar las circunstancias que hicieron posible la salida de los privados de libertad. Sin embargo, más allá de las responsabilidades inmediatas, corresponde preguntarnos qué tipo de sistema estamos construyendo y cuál es su verdadero propósito.
Las cárceles no deberían ser espacios destinados a profundizar la degradación humana. Son lugares donde permanecen hombres y mujeres que han cometido delitos y deben responder ante la justicia, pero que continúan siendo seres humanos dotados de dignidad y con derechos humanos . Como señala la tradición cristiana: “quien esté libre de pecado, que arroje la primera piedra”.
En este contexto, resulta pertinente recordar el pensamiento de Jean-Jacques Rousseau en El contrato social. El filósofo advertía que las estructuras sociales pueden corromper al individuo cuando se apartan del bien común. Para Rousseau, la libertad y la justicia solo pueden alcanzarse mediante un pacto social que garantice igualdad, participación ciudadana y respeto por la dignidad humana.
Su célebre afirmación —“El hombre nace libre, pero en todas partes se encuentra encadenado”— invita a reflexionar sobre sistemas que terminan reproduciendo exclusión y desigualdad. La voluntad general, la soberanía popular y la búsqueda del bien común deben orientar las instituciones del Estado, incluidas aquellas encargadas de la rehabilitación de las personas privadas de libertad.
Como ciudadana, docente y creyente de la fe, exhorto a contemplar el mensaje del Corpus Christi no solo como una celebración religiosa, sino como un llamado permanente a la solidaridad y a la defensa de la dignidad humana. Nos corresponde salir al encuentro de las realidades más difíciles, corregir injusticias, aliviar sufrimientos y escuchar a quienes han sido olvidados. La violencia, los castigos desproporcionados y el abandono no constituyen soluciones duraderas.
Seamos custodios vivos de los valores que proclamamos. Que nuestras palabras se traduzcan en acciones concretas, en reformas legales efectivas y en una renovada confianza en la capacidad del ser humano para cambiar. Los desafíos tecnológicos y sociales de nuestro tiempo exigen construir una sociedad más justa, solidaria y comprometida con la verdad.
La educación ocupa un lugar central en esta transformación. Tal como proponía Rousseau, es necesario formar desde edades tempranas ciudadanos capaces de pensar, analizar, leer críticamente la realidad y tomar decisiones responsables. Una educación de calidad empodera, fortalece el criterio propio y ayuda a resistir las influencias que conducen a la corrupción, a la delincuencia y las drogas.
Lo ocurrido en el Centro Penitenciario La Joyita debe impulsar una transformación estructural del sistema carcelario panameño. Las prisiones no pueden seguir siendo espacios de deterioro humano. Deben convertirse en verdaderos centros de rehabilitación social, donde el Estado garantice educación, capacitación laboral, atención integral y oportunidades reales de reinserción. Solo así podremos construir una sociedad más segura, más humana y más justa para todos.
Todo ello demuestra la necesidad urgente de transformar el sistema penitenciario panameño. Como suele atribuirse a Albert Einstein, padre de la teoría de la relatividad: «No podemos esperar resultados diferentes si seguimos haciendo lo mismo». Lo ocurrido con la reciente evasión en La Joyita no constituye un hecho aislado ni una situación inédita.
La reiteración de estos hechos evidencia fallas estructurales que trascienden a las personas que circunstancialmente administran el sistema. Aunque las modalidades cambian con el tiempo y aparecen nuevas tecnologías o mecanismos que antes no existían, el problema de fondo permanece. Por ello, resulta indispensable impulsar reformas profundas que fortalezcan la seguridad, la transparencia y, sobre todo, la capacidad de rehabilitación de las cárceles panameñas.