- domingo 08 de marzo de 2026 - 2:57 PM
Yo niña: mírame desde la igualdad
Esta reflexión busca aportar una mirada jurídica y social sobre la situación de las niñas en el contexto de la igualdad de género
Hablar de igualdad de género sin mirar la realidad de las niñas es comenzar la discusión demasiado tarde. Muchas de las brechas que hoy enfrentan las mujeres adultas, en la educación, el empleo, la participación o la protección frente a la violencia, no nacen en la adultez: comienzan en la infancia.En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, resulta necesario ampliar la conversación sobre la igualdad y dirigirla hacia una dimensión que con frecuencia permanece invisibilizada: la situación de las niñas en Panamá y en el mundo.
El principio de igualdad constituye uno de los pilares del sistema internacional de derechos humanos. La Declaración Universal de Derechos Humanos establece que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos. Este mandato también se encuentra reafirmado en la Convención Americana sobre Derechos Humanos, que impone a los Estados la obligación de garantizar el ejercicio de los derechos sin discriminación.
En el ámbito específico de la niñez, la Convención sobre los Derechos del Niño reconoce que los niños y las niñas son titulares plenos de derechos y que los Estados deben adoptar todas las medidas necesarias para asegurar su protección y desarrollo integral. De igual forma, la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer obliga a los Estados a eliminar los estereotipos y prácticas que perpetúan la desigualdad entre hombres y mujeres.
Sin embargo, la igualdad proclamada en estos instrumentos jurídicos no siempre se traduce en igualdad real en la vida cotidiana.
Muchas niñas viven en contextos donde se superponen distintas condiciones de vulnerabilidad, fenómeno conocido como interseccionalidad de las desigualdades. Esto significa que diversos factores sociales, económicos y culturales se combinan, generando mayores barreras para el ejercicio efectivo de sus derechos.
Yo niña, puedo ser pobre; puedo pertenecer a un pueblo indígena o a una comunidad afrodescendiente que históricamente ha enfrentado brechas estructurales en el acceso a educación, salud y oportunidades. Puedo ser migrante o hija de personas migrantes, enfrentando obstáculos administrativos o sociales que limitan el acceso a servicios básicos. Puedo vivir en zonas rurales donde la distancia geográfica, la falta de infraestructura o la desigualdad territorial reducen mis oportunidades de desarrollo. Te demando que reflexiones y actúes, que seas parte del cambio.
En Panamá, como en muchos países de la región, estas realidades no son ajenas. Las desigualdades territoriales, las brechas socioeconómicas y las condiciones históricas de exclusión que afectan a determinados grupos sociales pueden impactar con mayor intensidad cuando se trata de niñas.
A estas condiciones se suman los estereotipos de género que históricamente han afectado a las mujeres y que, en el caso de las niñas, pueden manifestarse desde edades muy tempranas. Muchas crecen bajo expectativas culturales que limitan su desarrollo: se les asignan responsabilidades domésticas prematuras, se invisibiliza su voz en los espacios de participación y se reproducen patrones sociales que condicionan sus aspiraciones y su autonomía.
Cuando la pobreza, la pertenencia étnica, la migración, la edad o la discapacidad se combinan con la discriminación basada en género, las barreras para ejercer derechos fundamentales, como la educación, la salud, la protección frente a la violencia o la participación, se multiplican.
Por ello, avanzar hacia una verdadera igualdad de género requiere mirar la realidad desde la perspectiva de la niña. No basta con reconocer derechos en tratados internacionales o en las leyes; es necesario comprender las desigualdades estructurales que afectan su desarrollo desde los primeros años de vida.
Esto implica políticas públicas sensibles al género y a la infancia, sistemas de protección eficaces y una transformación cultural que reconozca a las niñas como sujetos plenos de derechos, con voz, dignidad y capacidad de participación. Sociedad e instituciones públicas de protección empáticas y dispuestas a ser parte de ese cambio.
Hablar de “Yo niña: mírame desde la igualdad” es recordar que detrás de cada tratado internacional, cada norma jurídica y cada política pública existen vidas concretas. Porque la igualdad de género no comienza cuando una mujer entra al mercado laboral, ni cuando participa en la política. La igualdad comienza cuando una niña puede crecer libre, escuchada y con las mismas oportunidades para construir su futuro.
Magistrada del Tribunal Superior de Niñez y Adolescencia