• domingo 11 de enero de 2026 - 12:00 AM

Vísteme despacio, que voy de prisa

Aún en la contradicción del dicho “Vísteme despacio, que voy de prisa” hay certeza. Ni bien pasa Navidad, cuando el pensamiento vuela al año nuevo. Una vez llegada la fecha ya hay aires y “topones” de carnaval y desfile de Mil Polleras. El hilo conductor de acontecimientos es registrado en nuestras mentes, planes y actuar. Sin embargo, al mismo tiempo, pasa la propia vida con demandas de ajustes presupuestarios y organización para el próximo período académico, entre otros.

He allí donde la sabiduría llama a la paciencia sin dormirnos en los laureles y a la celeridad para el cumplimiento con responsabilidad. Y como siempre menciono, aplica a todo inclusive al plano internacional donde el asunto se vuelve más delicado aún, sobre todo cuando aplaudimos o rechazamos acciones, desde la perspectiva de experiencias propias, que no son las vividas por otros.

Ese es el caso de Venezuela, país de nuestra América, con riquezas materiales invaluables y gente maravillosa. Su historia sigue escribiéndose al igual que la nuestra. No dejemos que el ímpetu por hablar, señalar y hasta juzgar sin medir prudencia, alcance y fundamento de criterio opaque el verdadero sentido de hermandad que nos une.

Solo recordar el interés por crear esfuerzos de cooperación regional impulsados por el Libertador Simón Bolívar al convocar el Congreso Anfictiónico, en Panamá en 1826 y que, este año llega al bicentenario.

Dicho esto, en Panamá, Venezuela y en el mundo experimentamos vivencias y coyunturas, propias de la adopción de decisiones que están marcando rutas con cabeza propia o injerencia de otros. Por esto y más aquello de “vísteme despacio, que voy de prisa” vale interiorizarlo y aplicarlo con sensatez.