- domingo 29 de diciembre de 2013 - 12:00 AM
El año que viene, una esperanza
El año que está por terminar en unas horas nos trae el mal recuerdo de una sociedad frustrada, envilecida, engañada, limosnera, arrodillada y oportunista en grado superior, como no lo habíamos visto en 40 años. Sin embargo, es bueno señalar que, pese a todo, ha habido brotes de protestas comunitarias, por la falta de agua potable y el mal estado de las calles. Otras voces indignadas, pero no organizadas, se han venido repitiendo hasta el cansancio y que ya se han hecho familiares y ni levantan la ira colectiva necesaria para defenderse, como parte de un derecho ciudadano ultrajado, violado y menospreciado por empresas y por el mismo Gobierno: la basura, el tranque, el Metrobús, los precios de la comida, las medicinas caras, la violencia callejera y los sobreprecios en el Gobierno, por decir lo menos.
Yo quisiera pensar que esta negativa visión de nuestra sociedad sea algo pasajero y que esa conducta colectiva del poco me importa, es el disimulo de una sociedad ultrajada, es la doble moral que el panameño practica como una forma de sobrevivir ante los problemas nacionales y populares, es el juegavivo del criollismo istmeño.
¿Cómo salir de esta encrucijada de malos olores, de tanta miasma, de tanta indiferencia, de tanto abuso, de esa desvergüenza alzada como virtud en nuestra vida nacional? No es que los panameños fuimos santos en los pasados 40 años, pero no habíamos llegado a tanta postración, a tanta impostura humana como en estos 4 años, llegando a 5.
¿Cómo explicarles a los 360 mil jóvenes que por primera vez acudirán a las urnas, que las elecciones pueden ayudar a resolver parte de estos problemas que ellos y sus padres viven? ¿Cómo explicarle a la mayoría de la población electoral menor de 50 años, que en los 40 años pasados, con menos dinero se hizo más por Panamá y los panameños que en estos 5 años?
Los panameños con algo de conciencia nacional, democrática y nacionalista debemos hacer todos los esfuerzos posibles para que en el hogar, en la familia, entre los vecinos, entre los compañeros de trabajo realicemos una cruzada de civismo y de amor nacional, para que no muera nuestra esperanza.
Y esa esperanza se puede mantener viva en las urnas del 4 de mayo. Nuestro voto disparado debe ser útil y seguro para derrotar el continuismo. El voto sentimental, el voto sectario, el voto de capilla de aldea, el voto que divide no es la solución a los problemas nacionales.
¡¡¡Viva la esperanza!!! ¡¡¡Feliz Año Nuevo!!!
* EXEMBAJADOR DE PANAMÁ EN BRASIL Y NICARAGUA