En Panamá, solemos asociar las vacaciones con descanso absoluto, playa, fiesta y la merecida pausa después de meses de rutina. Y sí, todos necesitamos desconectar... pero ¿por qué no aprovechar parte de ese tiempo para crecer? La educación continua no debería ser solo cosa de escuelas, universidades o empresas: es una actitud de vida, una herramienta que fortalece nuestra mente, nuestro carácter y, sobre todo, a nuestras familias.
Hoy más que nunca, vivimos en un mundo donde el conocimiento se renueva a una velocidad vertiginosa. Los cambios tecnológicos, laborales y culturales no esperan a nadie. Por eso, pensar en educación solo durante el año escolar es quedarnos cortos. Las vacaciones representan una oportunidad inmejorable para que tanto hijos como padres se acerquen al aprendizaje desde una perspectiva más ligera, creativa y motivadora
Los cursos de verano, talleres recreativos, deportes y actividades artísticas no son simples “pasatiempos”. Son espacios donde los chicos descubren talentos, fortalecen la disciplina y desarrollan habilidades que la escuela tradicional no siempre potencia.
Un taller de pintura puede despertar sensibilidad; una clase de fútbol enseña trabajo en equipo; un curso de robótica, curiosidad científica. Incluso actividades como lectura guiada o refuerzo académico ayudan a iniciar el próximo año escolar con más seguridad y menos ansiedad.
Además, durante estas actividades los niños conviven, socializan y comparten con realidades distintas a las de su barrio o escuela. Eso también educa, y mucho.