- viernes 10 de abril de 2026 - 12:00 AM
Un pleito desigual, por eso las silbatinas
El tinglado nacional está ardiendo y el intercambio de metralla en las calles tiene al pueblo contra las cuerdas, recibiendo un castigo que no se detiene. En sectores como Colón, Arraiján y la capital, los delincuentes se mueven con un juego de piernas que deja en evidencia al mandamás de esta división y al promotor de los uniformados, quienes parecen haber perdido el sentido de la distancia.
El ciudadano común sale a trabajar con la guardia arriba, sabiendo que en cualquier esquina un “sparring” del malvivir puede soltarle un gancho al hígado para arrebatarle el esfuerzo de su jornada. Parece que los cacos tienen mejor condición física y más hambre de victoria; mientras tanto, la afición sigue reclamando mayor vigilancia.
El panameño de a pie se siente peleando sin guantes ni protector bucal, desprotegido ante una delincuencia que no respeta reglamento y que castiga sin piedad las zonas blandas de la sociedad.
Es una pelea desigual donde el trabajador sube al cuadrilátero con las manos amarradas, esperando que la campana suene de una vez con una estrategia que de verdad meta miedo.
Si no se ajusta el plan de pelea y se empieza a tirar la mano pesada contra las estructuras criminales, el “nocaut” técnico para la paz social está a la vuelta de la esquina.