• sábado 26 de noviembre de 2011 - 12:00 AM

TPC en tiempos de fanfarrias

Como quiera que el verdadero homenaje a la Patria se nos ha convertido en un tambor y exhibición, por todo lo alto, de armamentos, poco ...

Como quiera que el verdadero homenaje a la Patria se nos ha convertido en un tambor y exhibición, por todo lo alto, de armamentos, poco es lo que se escucha sobre los contenidos de las efemérides y menos sobre el alcance y fondo de nuestros problemas y anhelos. Tal es el caso del flamante Tratado de Promoción Comercial (TPC), que tras idas y rogativas por fin se nos ha vendido como panacea para sectores muy particulares. No obstante, el mismo ha servido para que, por lo menos, los productores agropecuarios hayan reaccionado —aunque con sordina— a lo que ellos intuyen como nada bueno para el sector.

Veamos. Los productores agropecuarios, me refiero a aquellos de mercado, que invierten y arriesgan apostando por la seguridad alimentaria del país, al parecer, ven las cosas desde una óptica muy lejana. Como si la hambruna solo ocurriera en Somalia, pero jamás en Panamá. A ello juegan algunos políticos que a fuerza de superficialidades enfocan la situación por las ramas, con consignas hueras y al margen de planteamientos serios de cómo, en concreto, harían las cosas mejor para enfrentar las advertencias de la FAO en términos de productividad, comercialización (canasta básica), cambio climático e incremento de los precios de los insumos y peajes. Así, quienes insisten en creer en los favores de los centros de poder, deberían verse en el espejo de los acontecimientos mundiales donde la moral y la conducta internacional es mueca cotidiana. Hoy es el petróleo, mañana, los alimentos y el agua.

¿Qué hacer? No digo nada nuevo. Coincido con muchos. Para los sectores de poder actual, burocrático-financiero, el sector primario, léase agro, pesca artesanal y, en general, sostenibilidad ambiental, son de poco interés. A cambio se prefiere inversiones de rápida recuperación, menor riesgo y, desde luego, poco esfuerzo relativo. En consecuencia, son los propios productores los que tienen que movilizarse, esto sí, dejando viejas prácticas del doble sombrero oportunista y el compadrazgo con las esferas de decisión que, como queda demostrado, es ineficaz, nocivo y contaminante.

Lo anterior equivale a convocar todas las fuerzas vinculadas a la actividad productiva sin exclusiones. Revisar y actualizar la montaña de proyectos anteriores, abolir el partidismo en las instituciones, modernizándolas y actualizándolas acorde con los nuevos tiempos. De otra manera, seremos barridos del mapa. ¿Es mucho pedir?

EL AUTOR ES PERIODISTA