El terremoto del pasado 9 de octubre ha dejado preocupación, pérdidas y familias que necesitan del apoyo de todos y ante esta realidad, es comprensible que muchos panameños se pregunten si debemos celebrar las fiestas patrias mientras hay compatriotas atravesando momentos difíciles. Sin embargo, considero que la solución no debe ser detenerlo todo, sino encontrar una manera responsable de ser solidarios sin perjudicar a quienes también necesitan trabajar.
Cuando hablamos de desfiles patrios, no debemos pensar únicamente en bandas, uniformes y delegaciones estudiantiles. Detrás de estas actividades existe una cadena económica que muchas veces pasa desapercibida. ¿Alguien se ha detenido a pensar cuántas familias dependen de estos días para llevar comida a sus hogares?
Pensemos en quienes venden raspados, agua embotellada, carne en palito, chorizos, hamburguesas, empanadas y pollo frito. Pensemos también en los maquillistas, estilistas, sastres, costureras, fotógrafos y comerciantes que invierten dinero y tiempo para aprovechar esta temporada. A ellos se suman taxistas, transportistas, restaurantes, fondas, hoteles, pequeños emprendedores, proveedores de alimentos, personal de seguridad, trabajadores de limpieza y muchas otras personas cuyos ingresos se mueven gracias a estas actividades.
Para algunos, suspender los desfiles puede parecer una decisión sencilla. Para otros, representa perder ventas, recuperar inversiones con dificultad o quedarse sin el ingreso que tenían previsto para pagar sus cuentas. No todos cuentan con un salario fijo ni con la seguridad de recibir dinero al día siguiente.