“Si quieres enterrar un problema, crea una comisión”

  • sábado 01 de agosto de 2026 - 12:00 AM

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Esa sentencia, atribuida al ex primer ministro francés, Georges Clemenceau (1841-1929), que hizo de ella un credo, viene siendo revivida, de manera reiterada por muchísimos gobernantes que, por esa vía escapista, posponen, “sine die”, enfrentar las demandas populares por soluciones o las dejan para que, “el muerto lo carguen” quienes les sucedan en el cargo.

Con frecuencia, también se crean comisiones “de alto y bajo nivel” o “técnicas y especializadas” con el solapado propósito de imponer, los caprichos o los intereses de los gobernantes de turno.

De ambas tenemos varios ejemplos: 1) El ya clásico de la Comisión de las reformas electorales, en la que se ha ignorado o pospuesto revisar las distorsiones que han convertido nuestras elecciones en una farsa, para patrocinar: los subsidios multimillonarios; los cacicazgos y el clientelismo; la falta de representatividad; la resistencia a la doble vuelta; o eludir la revocatoria, a todos los niveles, incluido el presidencial, de los mandatos electorales. 2) La reciente asignación a tres subalternos, los ministros de Economía, Comercio y Ambiente, decidir la conveniencia o la conveniencia de reabrir la mina. 3) La que, igualmente integrada por 5 ministros, supervisaría los albergues infantiles, que hicieron “la vista gorda” ante los trágicos abusos que allí se perpetraron y por los que nadie ha rendido cuentas. 4) La que se acaba de crear, integrada por los mismos ministros responsables de supervisar los alberques infantiles, para “estudiar y proponer soluciones para atender a las personas en situación de calle”, el eufemismo de nuevo cuño que se ha utilizado, para denominar a quienes en número cada vez más alarmante arrastran sus condiciones infrahumanas por nuestras calles.

En cualquier país con un gobierno mediana y sinceramente preocupado por socorrer a las personas indigentes, sin un techo bajo el que cobijarse y sin medios para una alimentación básica, como primera medida se crean albergues, donde puedan vivir temporalmente, recibir una alimentación básica y atención sanitaria. Pero como ni siquiera esa medida, urgente y necesaria se les ha ocurrido a los flamantes comisionados, ni a sus patrocinadores; bien cabe reconocerlos como aventajados discípulos de Clemenceau.

Esa sentencia, atribuida al ex primer ministro francés, Georges Clemenceau (1841-1929), que hizo de ella un credo, viene siendo revivida, de manera reiterada por muchísimos gobernantes que, por esa vía escapista, posponen, “sine die”, enfrentar las demandas populares por soluciones o las dejan para que, “el muerto lo carguen” quienes les sucedan en el cargo.

Con frecuencia, también se crean comisiones “de alto y bajo nivel” o “técnicas y especializadas” con el solapado propósito de imponer, los caprichos o los intereses de los gobernantes de turno.

De ambas tenemos varios ejemplos: 1) El ya clásico de la Comisión de las reformas electorales, en la que se ha ignorado o pospuesto revisar las distorsiones que han convertido nuestras elecciones en una farsa, para patrocinar: los subsidios multimillonarios; los cacicazgos y el clientelismo; la falta de representatividad; la resistencia a la doble vuelta; o eludir la revocatoria, a todos los niveles, incluido el presidencial, de los mandatos electorales. 2) La reciente asignación a tres subalternos, los ministros de Economía, Comercio y Ambiente, decidir la conveniencia o la conveniencia de reabrir la mina. 3) La que, igualmente integrada por 5 ministros, supervisaría los albergues infantiles, que hicieron “la vista gorda” ante los trágicos abusos que allí se perpetraron y por los que nadie ha rendido cuentas. 4) La que se acaba de crear, integrada por los mismos ministros responsables de supervisar los alberques infantiles, para “estudiar y proponer soluciones para atender a las personas en situación de calle”, el eufemismo de nuevo cuño que se ha utilizado, para denominar a quienes en número cada vez más alarmante arrastran sus condiciones infrahumanas por nuestras calles.

En cualquier país con un gobierno mediana y sinceramente preocupado por socorrer a las personas indigentes, sin un techo bajo el que cobijarse y sin medios para una alimentación básica, como primera medida se crean albergues, donde puedan vivir temporalmente, recibir una alimentación básica y atención sanitaria. Pero como ni siquiera esa medida, urgente y necesaria se les ha ocurrido a los flamantes comisionados, ni a sus patrocinadores; bien cabe reconocerlos como aventajados discípulos de Clemenceau.