• martes 09 de enero de 2024 - 2:25 PM

Sesenta años de una gesta heroica

Hoy no es un día cualquiera

Cuando lees los testimonios de los testigos de los hechos sientes que estás viviendo esos momentos. Esos sentimientos los he revivido al analizar el extenso escrito que en vida nos regaló el abogado litigante doctor Eloy Benedetti. En los momentos aciagos de la Patria este caballero era la mano derecha del ministro de Relaciones Exteriores, durante el gobierno de Roberto F. Chiari. La decisión de escribir sobre el Nueve de Enero guarda estrecha relación sobre las publicaciones de algunos medios para unos días patrios. Durante las transmisiones se le hacían preguntas a los estudiantes que desfilaban sobre aspectos que tenían que ver con el devenir patriótico. Las respuestas eran desalentadoras. Escribía Benedetti: “Durante los días patrios, medios de comunicación publicaron encuestas que revelaban lo poco que conocían los jóvenes sobre los sucesos que forjaron nuestra nacionalidad. Esta dolorosa observación me indujo a rememorar mis vivencias del 9 de enero. Desempolvé un viejo cuaderno de notas y me propuse escribir estas líneas con la esperanza de que el relato de lo ocurrido en la ciudad de Panamá, esa aciaga noche, pudiera en alguna forma fortalecer la conciencia nacional de las nuevas generaciones.”

Este ciudadano en vida mantuvo una relación estrecha con los resortes de poder y más con el ministerio de Relaciones Exteriores. “Mi vieja vinculación con la Cancillería fue una de las causas, ya que, desde el Gobierno de Don Ricardo Arias Espinosa, había servido en dicha dependencia en diversas posiciones, y el 9 de enero desempeñaba el cargo de asesor jurídico del Ministerio y además la Secretaría del Consejo de Relaciones Exteriores. Pero el factor que determinó mi participación en la formulación de la posición panameña fue la confianza depositada en mí, por el canciller doctor Galileo Solís, un viejo amigo a quien admiraba por su carácter siempre afable y en particular por su lúcida mente legal, capaz de analizar con vivacidad y precisión las más complejas situaciones jurídicas.”

La actuación de los institutores no era improvisada ni antojadiza. Ya existía un acuerdo entre los dos gobiernos para izar la bandera panameña en los sitios civiles de la zona del canal. Y expresa Benedetti: “La manzana de la discordia, que precipitó los acontecimientos, fue el cumplimiento de un acuerdo conjunto entre los dos países, aprobado por los representantes de los presidentes Chiari (Roberto F. Chiari) y Kennedy (John F. Kennedy), incluido en un comunicado del 10 de enero de 1963 en el que se reglamentaba el enarbolamiento conjunto de las banderas de Panamá y los Estados Unidos en la Zona del Canal. El acuerdo contenía los siguientes puntos: Que la bandera de Panamá sería izada junto con la de los Estados Unidos en todos aquellos sitios del territorio de la Zona en que la norteamericana fuera izada por las autoridades civiles. Que en las bases militares, solo sería enarbolada la enseña norteamericana al igual que en las naves que se encontrasen en aguas del Canal de Panamá.”

A pesar de existir la orden civil un sargento de la policía se comportó de forma negativa lo que pudiera ser el inicio de los hechos sangrientos. Detalla Benedetti: “En la Plaza de Gamboa, un sargento de la Policía, llamado Carlton Bell, se negó a izar la bandera panameña, con lo que desobedecía una orden expresa del gobernador (Robert Fleming). Las autoridades de las escuelas, y particularmente los estudiantes del Colegio Superior de Balboa, siguiendo el ejemplo del sargento Bell se opusieron a que fuera enarbolado el pabellón panameño. Estos hechos de insubordinación de la policía y la actitud hostil de los “zonians”, publicados por la prensa panameña, fueron las causas directas de que un grupo numeroso de estudiantes del Instituto Nacional, formado por jóvenes de ambos sexos, le pidieran al rector que les suministrara la enseña patria del colegio con el fin de dirigirse a la Escuela Superior de Balboa para izarla frente a dicho colegio.”

La afrenta sufrida por los institutores enardeció más lo ánimos y más por la forma en cómo un policía, con tolete en mano, revienta la enseña tricolor que portaban los estudiantes. Así lo describe Benedetti: “La llegada de los institutores empujados y vejados por la policía y los estudiantes zoneítas, como a las seis de la tarde, enfureció a sus compañeros que los esperaban, así como a grupos de empleados y obreros que salían de sus trabajos. Los panameños reaccionaron tratando de entrar a la Zona del Canal sin armas y con el propósito de plantar banderas, pero fueron repelidos por la policía que abrió fuego con sus revólveres calibre 38, reforzados por “zonians” civiles armados de escopetas de cacería. A las 8 de la noche, el gobernador interino informó al jefe del Comando Sur del Ejército de los Estados Unidos que la policía no podía mantener el orden y pidió que las fuerzas militares asumieran el control de la Zona del Canal. Unidades norteamericanas entraron en acción a esa hora, protegidas en vehículos de transporte de tropas y arreos de combate. Apostados en territorio de la Zona, disparaban sus fusiles de guerra y dieron muerte a más de veinte civiles panameños desarmados, e hirieron alrededor de trescientos.

Cuenta Eloy Benedetti que este suceso provocó la reunión en la Presidencia de todo el gobierno y de las fuerzas políticas aliadas y en contra del gobierno. Consideró que existían elementos probatorios de sobra para llevar al banquillo de los acusados al gobierno norteamericano. Ese Nueve de Enero provocó que por primera y única vez Panamá rompiera los lazos diplomáticos con Estados Unidos y así lo destaca Benedetti. “Como a las nueve de la noche conversé de nuevo con el canciller, quien me comunicó que según las últimas informaciones que se tenían, las fuerzas americanas no pretendían avanzar a territorio bajo jurisdicción panameña. Esta invasión habría sido una posibilidad que asustaba a muchos de los funcionarios que se encontraban en la Presidencia. La orden dada al Ejército era impedir, por cualquier medio, que elementos panameños ingresaran a la Zona, confirmó que los iniciadores e instigadores de los incidentes habían sido los zoneítas.

Enfadado y con dureza, el canciller me recalcó que el Gobierno no podía, de ninguna manera, tolerar pasivamente la forma como habían dado muerte y herido de bala a tantos panameños. Agregó que el presidente Chiari se sentía igualmente enfadado y con amargura a causa de los acontecimientos. Insistió en que había que actuar cuanto antes, entre otras razones, para que en los diarios de la mañana apareciera la noticia de la reacción del Gobierno juntamente con las descripciones de los ataques en la Zona.” Fue en esos momentos en que Roberto Chiari se dirige a la nación con un mensaje cargado de patriotismo y anuncia el rompimiento de las relaciones con Estados Unidos.

También es importante resaltar una conversación que tuvo años después el coronel Roberto Díaz Herrera con una de las hermanas de Ascanio Arosemena. Ella le relató intimidades de los sucesos de ese Nueve de Enero.

“ASCANIO AROSEMENA: LA INSIGNIA DE LOS HÉROES/MÁRTIRES

¿CÓMO FUERON SUS ÚLTIMAS HORAS?

Hace unos 15 años su hermana Berna me contó sobre su hermano y buscaré sintetizar lo que tengo de su relato en mi memoria: Marcelina (“la negra”, como le decíamos los que la conocíamos) había sacado a su hijo del Instituto Nacional, “porque en ese colegio había muchos líos y Ascanito era muy revoltoso”. Con la palanca de la pariente de su esposo, Otilia Arosemena, logró matricularlo en la Escuela Profesional en su último año; pero toda la gallada de su hijo estaba en el Instituto, y Ascanio seguía sintiéndose un Institutor. Él sabía que ese 9 de enero a X hora y por Convenio con USA se buscaría izar el Pabellón Nacional en un mástil ya construido por las autoridades de la Zona del Canal, a regañadientes, pero ya por obligación establecida.  Se haría el acto en el Balboa High School.

Por el mediodía Ascanio, que venía de hacer deportes, se echó en su cama y dijo que esperaba una llamada importante y que lo despertaran. Marcelina dijo que si se dormía no le dijeran nada porque ella olía que habría algún revulú… Un rato más tarde en efecto hubo una llamada de un tal Tito-que luego sería ingeniero- y amigo del área de Renta 5, pero le dijeron que Ascanio no estaba y cerraron. No obstante, Ascanio logró oír y salió de su cama y de su apartamento saltando por una ventana y su madre le dijo a Guillermo su hermano menor… “corre tras Ascanito que algún lío grande debe haber.” Pero Ascanio era de piernas más largas y le llevaba distancia.

Ya los actos, las agresiones de los alumnos zonians habían pasado, igual que los atropellos de sus policías y las protestas ciudadanas habían crecido tanto que se había ordenado al ejército salir. Guillermo no alcanzaba a ver a su hermano pero alguien le sopló: “Tu hermano iba corriendo hacia donde está el Hotel Tívoli”. (Lugar donde hoy está el Banco de Desarrollo Agropecuario) Guillermo fue rápido hacia el sector y justo alcanzó a ver cuando Ascanio, con una piedra en mano, buscaba lanzársela a un soldado gringo en momentos que el militar con mira telescópica le apuntaba y disparaba certeramente. Ascanio cayó doblado. Guillermo se acercó tratando de levantarlo y solo pudo hacerlo con la ayuda de alguien y de ese modo lo cargaron, agonizante, hasta que un taxi paró y lo metieron-vivo aún- al auto. Herido de muerte Ascanio con su cabeza recostada entre su hermano llegó a decirle “no le digas nada a la vieja”. Al llegar al Santo Tomás en minutos lo declararon muerto. Cómo los héroes reales, Ascanio voló a la eternidad

¡CUÁNTO LE DEBEMOS A ESE MÁRTIR! Cierre de la cita.

Hoy no es un día cualquiera. Hoy, hace sesenta años, los grandes orfebres de la Patria Grande encontraron los mejores materiales para continuar la construcción de ese Panamá que buscamos y queremos. Abrazos y mis reconocimientos para los héroes caídos y para los que resultaron heridos y todavía están con nosotros.

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